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Saga de la Sociedad de Almas

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La Saga de la Sociedad de Almas es la segunda saga del manga de Bleach, que narra los sucesos acontecidos en la historia desde la llegada de los Ryoka a la Sociedad de Almas hasta la partida de Sōsuke Aizen y sus seguidores al Hueco Mundo. En ella la acción se traslada prácticamente de forma íntegra a la Sociedad de Almas, el hogar de los Shinigamis, donde aparecen por primera vez todos los Capitanes y los Subcapitanes del Gotei 13, así como se va mostrando el imparable progreso de Ichigo Kurosaki en sus habilidades, desarrollando su recién descubierto shikai, conociendo su bankai en tiempo récord y empezando a intuirse la existencia de poderes de Hollow en su interior. Esta saga está eminentemente centrada en los combates de Ichigo y sus aliados con diferentes Shinigami, aunque a un mismo tiempo se observa cómo la trama se desdobla, comenzando a mostrarse un Bleach más coral, en donde otros personajes viven sus propias aventuras y se desarrollan sus personalidades de una forma más independiente del protagonista.

Oficialmente, la Saga de la Sociedad de Almas comienza en el capítulo 71 del manga y finaliza en el 182, lo que hace un total de 112 capítulos repartidos en 13 volúmenes recopilatorios (desde el tomo 9 hasta la primera mitad del 21). En el anime este material se tradujo en dos temporadas completas, llamadas La Sociedad de Almas: la entrada furtiva (episodios 21 - 41) y La Sociedad de Almas: el rescate (episodios 42 - 63). Para muchos de los seguidores de la serie, tanto del manga original como de la versión del anime, la Saga de la Sociedad de Almas es considerada el punto álgido de la historia, y aquél en el que se disfruta con mayor intensidad de todos los elementos que han convertido a Bleach en una de las series de mayor acogida tanto dentro como fuera de las fronteras de Japón.

La entrada en la Sociedad de Almas

Intrusos en el dangai

Con el firme propósito de rescatar a su amiga Rukia Kuchiki, que ha sido condenada a muerte, el humano que ha obtenido poderes de Shinigami, Ichigo Kurosaki, decide partir a la Sociedad de Almas tras haber pasado unos días siendo entrenando arduamente por Kisuke Urahara. Junto a él viajan tres de sus compañeros de clase, Yasutora Sado y Orihime Inoue, quienes a raíz de su proximidad con la incontrolada energía espiritual de Ichigo han llegado a desarrollar sus propios poderes, así como el Quincy Uryū Ishida. Además, les acompaña como guía el gato negro Yoruichi, un viejo amigo de Urahara que procurará que se cumplan los propósitos por los que se ha llevado a cabo una aventura tan arriesgada. Una vez que todos el grupo ha sido convocado en el subterráneo de la Tienda de Urahara, su propietario abre un portal Senkaimon por el cual entran los cinco compañeros al dangai, la dimensión que se encuentra entre la Sociedad de Almas y el mundo de los vivos.

Al no acompañarles una mariposa infernal, la corriente espiritual Kouryū que trata de mantener el dangai libre de enemigos como los Hollows se vuelve contra el grupo, y las paredes comienzan a derrumbarse tras su paso a un ritmo veloz, tanto que llega a atrapar a Ishida. Ichigo se propone salvar a su compañero con su Zanpaku-tō, pero Yoruichi le advierte de que la corriente absorbe todos los cuerpos espirituales y de que le atraparía a él también. Sólo la rápida intervención de Chad logra salvar a Ishida, ya que con sus propias manos arranca al Quincy de las paredes que se ciernen sobre él y se lo echa a los hombros, continuando su carrera. Desde su nuevas vistas, Ishida observa cómo se acerca, a una velocidad mayor si cabe, una nueva amenaza para el grupo, que Yoruichi identifica como un Seimichiō, un ente guardián que aparece una vez por semana para limpiar el camino del dangai destruyendo todo lo que entra en contacto con él. Maldiciendo su mala suerte, Yoruichi insta a los demás a correr más rápido, pues la salida al final del tunel ya es visible, pero la enorme velocidad del Seimichiō es mayor que la suya. Viendo que sus vidas están en peligro, Orihime decide actuar y convoca a su escudo Santen Kesshun, con el cual logra detener a su perseguidor y provocar una onda de choque que lanza a todo el grupo a gran velocidad sobre el suelo de la Sociedad de Almas. Aunque han logrado salvarse y llegar prácticamente ilesos, Yoruichi regaña a Orihime por su temeridad, diciéndole que si en vez del escudo hubiesen sido sus propios Shun Shun Rikka los que hubieran tocado al Seimichiō ahora estaría muerta.

El Guardián de la Puerta Oeste: Ichigo Kurosaki VS Jidanbō Ikkanzaka

Cuando Ichigo y sus amigos miran a sus alrededores, se sorprenden al ver un lugar totalmente desierto y salpicado de viviendas de factura modesta. Yoruichi les explica que están en el Rukongai, el lugar más pobre y poblado de la Sociedad de Almas, adonde van a parar las almas que llegan del mundo de los vivos. Ichigo se percata de que más allá de aquellas casas hay otras con mucho mejor aspecto, y adivina que aquéllas pertenecen al Seireitei, el lugar donde habitan los Shinigami y donde se encuentra prisionera Rukia. Sin hacer caso de los gritos de advertencia de Yoruichi, Ichigo corre en dirección al Seireitei hasta que una multitud de enormes tablas de madera y piedra caen delante de él, formando una muralla que lo separa de su lugar de destino, a la vez que aparece frente a él el imponente Jidanbō Ikkanzaka, a quien Yoruichi reconoce como el Shinigami Guardián de la Puerta Oeste de acceso al Seireitei. Ishida y Yoruichi comienzan a plantearse una forma de derrotar a Jidanbō, pero Chad y Orihime salen corriendo en dirección a Ichigo, decididos a ayudarle. No obstante, Jidanbō se adelanta a sus movimientos y con su hacha golpea el suelo y levanta un muro de piedra con el que evita que lleguen los refuerzos a Ichigo. Según él mismo dice, en la ciudad los combates se libran de uno contra uno, y les recomienda que esperen su turno.

Desde el otro lado de la improvisada barrera, el propio Ichigo pide a sus amigos que se mantengan al margen mientras él se encarga de Jidanbō. Pese a las protestas de Ishida, Ichigo afirma ser capaz de derrotar a Jidanbō tras los cinco días de combate continuo con Urahara en los que, según él, no ha aprendido nada nuevo pero ha ganado tanto en osadía como en resistencia; mas Chad comprende rápidamente que aquello que le ha enseñado Urahara no ha sido otra cosa más que lo único que Ichigo necesitaba: experiencia. Este hecho de demuestra inmediatamente, al detener Ichigo con su Zanpaku-tō el hacha de Jidanbō sin ningún esfuerzo visible, siendo alabado por el Guardián de la Puerta entre carcajadas. Como Ichigo detiene una segunda vez el terrible embate de Jidanbō, éste comienza a golpearle con mayor rapidez en la técnica que él ha llamado Juppon Jidanda Matsuri, en la cual se supone que Jidanbō debe dar diez poderosos golpes a su adversario, mas no tarda en fatigarse y perder la cuenta. En el supuesto décimo ataque Jidanbō golpea con una fuerza que antes no se había visto en él, cortando buena parte del muro de piedra e incluso mellando la puerta de acceso al Seireitei, mas Ichigo permanece ileso, al haber detenido una vez más el hacha de su oponente con su Zanpaku-tō.

Ichigo se propone contraatacar, pero Jidanbō se asusta ante su determinación y le dice que él aún no ha terminado, sacando de entre sus ropas una segunda hacha y, con un derroche de fuerza, emplea sobre él la que denomina su técnica mortal, Banzai Jidanda Matsuri. Ichigo ve cómo caen sobre él las dos hachas y, tras disculparse por anticipado a Jidanbō, las rompe de un solo mandoble y derriba al gigantesco guardián, ante la evidente sorpresa de sus compañeros. Jidanbō se levanta rápidamente, musitando que seguramente se ha debido de resbalar, pero cuando se propone volver a atacar a Ichigo ve que sus hachas se han roto y empieza a llorar como una criatura. Cuando Ichigo vuelve a esbozar una tímida disculpa, logra conmover hasta la médula a Jidanbō, quien no sólo admite su derrota, sino que también alaba la grandeza de su oponente. Dispuesto a dejar entrar a Ichigo y a sus compañeros, antes de abrir la puerta de acceso al Seireitei, Jidanbō les advierte de que al otro lado hay guerreros muy fuertes, cosa que no asusta en absoluto a los recién llegados a la Sociedad de Almas, que a partir de entonces serán conocidos como los Ryoka (almas intrusas). Con un evidente esfuerzo físico, Jidanbō abre la Puerta Oeste del Seireitei y se queda paralizado de puro espanto al ver ante sí a la figura de Gin Ichimaru, el Capitán de la 3ª División.

Apenas sin cruzar una palabra, Ichimaru le amputa el brazo izquierdo a Jidanbō, mientras comenta con su acostumbrada media sonrisa que un guardián derrotado no debe abrir la puerta, sino morir en el combate. Ichigo se interpone entre los dos y cruza su espada con Ichimaru, decidido a combatir contra una persona a la que considera una cobarde por atacar a un hombre desarmado, pese a las advertencias de Yoruichi de que no se acerque a un enemigo tan poderoso. Ante la sorpresa de Ichigo, Ichimaru reconoce su nombre y se reafirma en su idea de no dejarle pasar, alejándose de él y liberando su Zanpaku-tō, Shinsō. Pese a que logra detener el ataque de Ichimaru con su propia Zanpaku-tō, Ichigo es empujado fuera del Seireitei junto con Jidanbō, cerrándose la puerta a la vez que Ichimaru se despide de los intrusos con sarcasmo.

Los Ryoka en el Rukongai

Yoruichi consuela a Ichigo diciéndole que, aunque la Puerta Oeste hubiese seguido abierta, Ichimaru era un enemigo demasiado poderoso para él. Mas, antes de que el grupo pueda pensar en un nuevo plan de acceso al Seireitei, todos observan con sorpresa cómo los habitantes del Rukongai han decidido salir de sus casas, y entre ellos Chad se sorprende de ver a Yūichi Shibata, el niño que habitaba dentro de un periquito y que fue el desencadenante de su primer contacto con Ichigo y Rukia cuando éstos se encargaban de llevar a cabo las actividades de Shinigami en Karakura Town. Chad descubre con cierto pesar que Shibata aún no ha podido encontrar a su madre, ya que los Shinigami simplemente asignan las almas a un lugar residencial del Rukongai, sin preocuparse por juntarlas con sus familiares y obligándolas así a formar familias en las que no existen lazos sanguíneos entre sus miembros. De hecho, Shibata actualmente vive con una familia adoptiva y tiene un "hermano mayor", Horiuchi Hironari, que murió en el año 1947. Antes de despedirse, Chad le desea mucha suerte a Shibata y le asegura que acabará encontrando a su madre si no se rinde.

Por su parte, y ayudada por algunos habitantes del Rukongai, Orihime usa su Sōten Kishun para curar el brazo de Jidanbō, ganándose así la admiración de las otras almas. Por los comentarios de los pobladores de aquel lugar, Ichigo llega a saber que Jidanbō es un personaje muy querido en el lugar, al no haber olvidado sus orígenes humildes y no tener nada que ver con la mayoría de los Shinigami, orgullosos y engreídos, por lo que al haber salido en defensa del Guardián de la Puerta del Oeste se ha ganado la amistad de buena parte del Rukongai. Tras ser alojados en casa de un anciano, Yoruichi revela su intención de recurrir a Kūkaku Shiba, algo que parece atemorizar a su anfitrión, mas antes de que pueda decir poco más al respecto hace su aparición Ganju, un delincuente juvenil montado sobre Bonnie, un enorme jabalí. Nada más ver a Ichigo, Ganju comienza a pelearse con él, al afirmar que entre otros muchos títulos que se ha concedido a sí mismo, es el "hombre que más odia a los Shinigami". Ganju se revela como un adversario en la lucha cuerpo a cuerpo prácticamente tan bueno como el propio Ichigo, y además poseedor de una extraña habilidad que le permite convertir la roca en arena, y sumergir así la Zanpaku-tō de Ichigo y pillarle por sorpresa. No obstante, Ichigo sigue siendo capaz de combatir con Ganju con sus puños, y la pelea finaliza bruscamente al dar las nueve de la noche, momento en el cual Ganju y su pandilla se ven obligados a partir a toda velocidad sobre sus jabalíes sin dar ninguna explicación y retando a Ichigo a que les espere allí al día siguiente.

Tras recibir un arañazo en la cara por parte de Yoruichi, Ichigo acaba aceptando marcharse de aquel lugar y partir en busca de Kūkaku, llegando tras una larga caminata a una zona que se adecúa con sus gustos, al tratar siempre de vivir en sitios tranquilos y solitarios. El grupo no tarda en descubrir la casa de Kūkaku, fácilmente reconocible por lo que parece ser una enorme chimenea y unos gigantescos brazos que anuncian el nombre de su propietario, horrorizando por su mal gusto a Ichigo e Ishida. Les salen al paso los guardianes Koganehiko y Shiroganehiko, quienes se oponen a dejarlos entrar hasta que reconocen a Yoruichi, disculpándose inmediatamente y llevándoles a la presencia de Kūkaku, quien resulta ser una mujer y, por si no fuera poco, la hermana mayor de Ganju. Kūkaku accede a ayudar a Yoruichi, debido a la larga amistad que les une y a su lealtad a Kisuke Urahara, pero pone como condición que acompañe al grupo su hermano pequeño, aunque al verse vuelve a pelearse con Ichigo, y obliga a la ruda Kūkaku a imponer orden y separar a los beligerantes jóvenes a golpes. Como muestra de su confianza, Kūkaku revela ser la mejor maestra pirotécnica del Rukongai, y que la chimenea de su casa en realidad es un cañón, con el cual se propone enviarlos al centro mismo del Seireitei.

14 días para conspirar: se adelanta la ejecución de Rukia

Mientras Ichigo y sus compañeros visitan a Kūkaku, en su celda Rukia recibe la visita de Renji Abarai, el Subcapitán de la 6ª División, que le comunica que el día de su ejecución ha sido adelantado y que sólo faltan 14 días para que llegue. Por tal motivo, la prisionera es escoltada a la llamada Torre de la Penitencia, desde donde Rukia sólo podrá contemplar a través de las estrechas ventanas el Sōkyoku, la Doble Hoja, el arma con el que será ajusticiada. Rukia mantiene su actitud resignada e inexpresiva hasta que Renji se decide a confesarle a los oídos que ha recibido noticias de la llegada de cinco intrusos a la Sociedad de Almas, y que uno de ellos llevaba una espada tan alta como él mismo y tenía el pelo naranja, algo que hace que se le ilumine el rostro a Rukia, al haber reconocido en tan escueta descripción a Ichigo.

De vuelta a sus quehaceres, Renji no deja de pensar en la sorpresa que Rukia no fue capaz de ocultar al saber de Ichigo, mas es sacado de su ensoñación por Sōsuke Aizen, el Capitán de la 5ª División, quien le solicita hablar un momento con él. Reconociendo que hacía mucho tiempo que no conversaba con su antiguo subordinado, y demostrando acordarse tanto de su transferencia a la 11ª División como de su posterior ascenso al segundo puesto de responsabilidad en la 6ª División, Aizen pregunta sin rodeos a Renji si él, como viejo amigo de Rukia, cree que debería morir. A causa de la sorpresa, Renji no es capaz de responder, por lo que Aizen aprovecha para revelarle sus sospechas de que algo turbio se mueve en torno a la condena de muerte a Rukia, ya que los delitos por los que se la juzga no son suficientes como para que deba ser ejecutada en el Sōkyoku, un castigo que nunca ha sufrido un Shinigami de categoría inferior a Capitán de división. Aunque reconoce que sólo es un presentimiento que le ha asaltado, Aizen parece haber tomado alguna decisión al respecto, mas antes de que pueda decir nada más a Renji, recibe el aviso de una reunión de emergencia.

Los Ryoka se infiltran en el Seireitei

Tatuaje en el cielo: el lanzamiento de la bala del cañón

Kūkaku Shiba prepara su cañón para el inminente lanzamiento y les muestra a los Ryoka cómo crear una esfera protectora, que será el proyectil con el que serán enviados al Seireitei y con el que evitarán ser desintregados al chocar con la protección existente en el cielo del hogar de los Shinigami. Según Kūkaku, no tienen más que concentrar su poder espiritual en una bola de su propia invención, tal y como si realizasen un hechizo de Kidō. Sin embargo, y tal y como no tarda en decirle Yoruichi a su amiga, aunque Ichigo es un Shinigami no tiene la menor idea de Kidō, por lo que él, Ishida, Chad y Orihime son inmediatamente llevados aparte a entrenar. Cuando se encuentran solos, Ganju se opone abiertamente a que Kūkaku ayude a un Shinigami, en recuerdo a su hermano, pero Kūkaku le hace callar con furia y le obliga a marcharse sin admitir una sola queja al respecto. Ésta musita, después de que Ganju se haya ido, que ha decidido ayudar a un Shinigami porque sabe que de haber estado vivo su hermano, él se hubiera enfadado mucho con ella si no lo hubiera hecho.

Ishida, Chad y Orihime logran controlar lo suficientemente bien su poder espiritual como para ser capaces de crear su propia esfera en poco tiempo, mas Ichigo parece estar totalmente negado en esta disciplina. Ichigo sigue practicando cuando sus amigos se han ido a comer algo, hasta que Ganju le interrumpe preguntándole por las razones que le impulsan a rescatar a Rukia. Ichigo simplemente le responde que es algo que le debe, ya que Rukia le salvó a él la vida anteriormente, y que por haberle prestado sus poderes de Shinigami para poder proteger a su familia, había sido condenada a muerte. La respuesta de Ichigo parece ser suficiente para Ganju, quien simula repasar en voz alta un truco muy efectivo que le permite crear la bala del cañón, antes de salir de la habitación. Gracias al consejo de Ganju, Ichigo es capaz de volcar su poder espiritual en la bola que le ha dado Kūkaku, mas lo hace con tanta intesidad que casi provoca que la casa se derrumbe, obligando a Kūkaku a intervenir y obligar a Ichigo a que solifique su poder, para después emprenderla a golpes con él y con Ganju.

Después de que un fatigado Ichigo recobre sus fuerzas, todos están listos para asumir su papel en la inminente invasión del Seireitei. Pese a la sorpresa de Kūkaku, Ganju revela a sus nuevos compañeros de aventuras que su hermano mayor, un antiguo prodigio que llegó a ser ascendido sólo cinco años después de graduarse en la Academia Shinigami al rango de Subcapitán de la 13ª División, fue asesinado por un Shinigami. Sin haber olvidado la mirada implacable del Shinigami que le llevó a su casa y la sonrisa con la que el moribundo le dio las gracias por última vez, Ganju está convencido de que Ichigo no es un Shinigami como los demás, y que por ello ha decidido ayudarle, pues cree que haciéndolo podrá obtener respuesta a sus múltiples preguntas y aclarar algo acerca de esa triste historia. Con la ayuda de Koganehiko y Shiroganehiko, Kūkaku activa el formidable cañón y dispara la bala en la que viajan los seis Ryoka (Ichigo, Ishida, Chad, Orihime, Yoruichi y Ganju), deseándoles suerte en su empresa y que su hermano menor regrese sano y salvo. Ya en el aire, es el propio Ganju el que debe dirigir la bala hacia el Seireitei mediante un encantamiento, pero una nueva discusión entre él e Ichigo hace que pierda la concentración y al impactar contra la barrera espiritual del Seireitei la bala se rompe y, ante las sorprendidas miradas de un gran número de Shinigami, debido a la corriente que se forma el grupo se divide en cuatro: Ichigo y Ganju salen volando en una dirección, Ishida y Orihime en otra, y Chad y Yoruichi, por separado, en las dos restantes.

Reunión de emergencia en el Gotei 13

Momentos antes de que Kūkaku lance la bala de cañón al Seireitei con los Ryoka en su interior, se convoca una reunión especial en el Gotei 13. Renji parte al encuentro de los demás Subcapitanes, comentando que es la primera vez desde su ascenso en que se le obliga a llevar la bandana distintiva de su posición. Cuando llega al barracón donde se ha citado a los Subcapitanes, acaba manteniendo un diálogo con Momo Hinamori, Tetsuzaemon Iba y Rangiku Matsumoto, sus colegas de las divisiones 5ª, 7ª y 10ª, respectivamente. Hinamori le pregunta a Renji si ha visto a su capitán, Aizen, pero éste le miente y dice que no, ante lo cual ésta comenta, con lágrimas en los ojos, que últimamente Aizen está actuando de forma muy extraña y no sabe cuál es el motivo. Renji trata de consolarla, pero al saber esto no deja de preocuparse cada vez más por lo que está ocurriendo con el Capitán Aizen y sus sospechas.

De forma simultánea, en las dependencias de la 1ª División se produce la reunión de emergencia de los capitanes del Gotei 13, a la cual asisten todos a excepción del líder de la 13ª División, que se encuentra enfermo. La razón de esta inesperada llamada es la actuación de Gin Ichimaru en la Puerta Oeste, a quien el Comandante General Shigekuni Yamamoto-Genryūsai le exige que dé las explicaciones pertinentes y justifique por qué dejó escapar con vida a los Ryoka. En un primer momento, son los Capitanes de las divisiones 11ª y 12ª, Kenpachi Zaraki y Mayuri Kurotsuchi, quienes arremeten contra Ichimaru haciéndole múltiples preguntas y casi enzarzándose entre sí en una discusión, obligando a Yamamoto en persona en poner orden entre ellos. Mas, antes de que Ichimaru llegue siquiera a responder al Comandante General, suena la alarma que avisa de la inminente llegada de intrusos en el Seireitei, movilizándose todas las divisiones.

Sin esperar siquiera a que se levante la sesión, Kenpachi sale como una tromba deseoso de enfrentarse a los Ryoka y partiendo en su busca con su joven Subcapitana, Yachiru Kusajishi, en el hombro. Antes de que todos los capitanes hayan abandonado la sala, Aizen increpa a Ichimaru comentando que ha sido una casualidad que la alarma haya sonado en aquel preciso momento y le pregunta si en verdad cree que va a salir con la suya. El único testigo de las amenazas de Aizen a Ichimaru, quien le advierte que no le subestime, resulta ser el Capitán de la 10ª División, Tōshirō Hitsugaya.

El hombre afortunado: Ichigo Kurosaki VS Ikkaku Madarame

La caída de Ichigo y Ganju es oportunamente amortiguada por este último, gracias a su habilidad de transformar la piedra en arena, en una técnica que llama Seppa. Aún sumergidos hasta la mitad del cuerpo en la arena, los dos compañeros son sorprendidos por dos Shinigami, de los cuales el que parece ser el líder comienza a hacer una especie de baile al que llama "Danza de la Suerte", afirmando que es su día de suerte, al haberse encontrado con los ansiados Ryoka. Ganju se percata rápidamente de que sus adversarios no son Shinigami comunes y, tras tratar infructuosamente de convencer a Ichigo de que escape, opta por huir él solo, saliendo en su persecución el Shinigami llamado Yumichika. Habiéndose quedado solo con el otro Shinigami, Ichigo le responde que, si en verdad fuese más fuerte que él, daría igual que tratase de escabullirse, pero si el caso fuese el contrario no tendría más que derrotar a su oponente. Éste ataca a Ichigo con rapidez, a la vez que detiene los golpes con la vaina de su Zanpaku-tō. Tras resultar los dos heridos por encima de sus cejas, el Shinigami le pregunta a Ichigo su nombre y después él se presenta como Ikkaku Madarame, 3º Oficial de la 11ª División.

Ikkaku comenta que, pese a que el nivel de Ichigo rivaliza con el suyo propio, por algunas de sus acciones no parece ser más que un novato. Al preguntarle quién es su maestro, Ichigo responde que sólo ha recibido un entrenamiento de diez días, pero que aquél que le enseñó a luchar en aquel corto intervalo de tiempo fue Kisuke Urahara, sorprendiendo visiblemente a Ikkaku al decirle esta noticia y haciendo que éste libere su Zanpaku-tō, Hōzukimaru. Confiándose al ver que Hōzukimaru se asemeja a una lanza, Ichigo trata de amoldarse al nuevo arma de Ikkaku, afirmando que ya sabe que con esta forma el alcance de su enemigo será mayor pero que sabrá contrarrestarlo. Sin embargo, Ikkaku revela por sorpresa que Hōzukimaru puede dividirse en tres secciones, pillando desprevenido a Ichigo y hiriéndole en su brazo derecho. Ikkaku cree que de esta forma Ichigo será incapaz de volver a sostener su espada, mas éste le responde contraatacando y contestando que ahora es el turno del propio Ikkaku de no poder sujetar su arma. Admirando la insolencia de Ichigo, Ikkaku prosigue con sus ataques, basándose en cambiar rápidamente la forma de Hōzukimaru de lanza a triple nunchaku, seguro de que así su oponente no será capaz de seguirle sus movimientos.

No obstante, Ichigo le demuestra que ya se ha habituado a su velocidad, y para dar peso a sus palabras le enseña el penacho rojo de Hōzukimaru, que ha logrado arrancar si que el propio Ikkaku se diera cuenta. Aún profundamente sorprendido ante este hecho, Ikkaku es atacado desde arriba por Ichigo, teniendo el tiempo suficiente tan sólo para tratar de protegerse a sí mismo con Hōzukimaru. Mas el ataque de Ichigo es increíblemente potente, y no sólo rompe a Hōzukimaru, sino que además asesta un profundo corte a Ikkaku desde el hombro hasta la mitad del abdomen. Ikkaku trata de proseguir la lucha pese a los consejos de Ichigo, afirmando que el vencedor sólo se decide a vida o muerte. Al no tener más remedio, Ichigo vuelve a atacar a Ikkaku, esta vez alcanzándole en su brazo derecho y convirtiendo en astillas su Zanpaku-tō. Antes de desmayarse, Ikkaku musita que no es su día de suerte.

Con un patente asombro, Ikkaku se despierta y mientras se pregunta cómo puede seguir vivo, se encuentra con que Ichigo sigue cerca de él, y que ha utilizado el coagulante que llevaba en Hōzukimaru para curar las heridas de ambos. Ichigo interroga a Ikkaku acerca del paradero de Rukia Kuchiki, desvelando que los Ryoka han entrado en el Seireitei con el firme propósito de liberarla, lo que provoca que Ikkaku estalle en risas y se le vuelvan a abrir algunas de sus heridas. Ikkaku finalmente accede a hablarle de la Torre de la Penitencia, pero antes de que se marche un agradecido Ichigo, no duda en advertirle de que, si él es el más fuerte de los Ryoka, debe temer por encima de todo al Capitán de su división, Kenpachi Zaraki, una bestia sedienta de sangre y enfrentamientos que sólo busca a alguien fuerte con el que poder medir sus fuerzas. Precisamente, Kenpachi se encuentra actualmente con Yachiru rastreando a los Ryoka, pero el mal sentido de la orientación de ambos no juega en su favor y se extravían entre los múltiples callejones del Seireitei.

Arena y fuegos artificiales: Ganju Shiba VS Yumichika Ayasegawa

Tratando de escapar de Yumichika, Ganju corre alocadamente por el Seireitei y haciendo boquetes en las paredes gracias al Seppa, hasta que está a punto de caer en un gran agujero que se cierne a sus pies. A su espalda aparece Yumichika y le responde que aquel lugar era un antiguo patíbulo, donde se hacía luchar a criminales con Hollows hasta la muerte, pero que aquella costumbre ya había quedado en desuso. Yumichika conmina a Ganju a que elija si prefiere morir dentro del pozo o a manos de su espada, instándole a que le mire a los ojos, ya que le gusta ver un rostro demudado por el terror, por feo que éste pueda ser. Ganju parece oponer resistencia, ya que poco después aparece con algunas heridas y su espada desenvainada, mientras que Yumichika ha liberado su Zanpaku-tō, Fuji Kujaku. De nuevo, Ganju opta por una maniobra de despiste, y lanza una bomba de humo de pimienta a su enemigo a la vez que huye de él, aunque también le toque tragarse una buena cantidad del gas irritante. Musitando con un visible enfado que la fealdad de Ganju es tanto externa como interna, Yumichika se ve obligado a continuar pisándole los talones.

Cuando Yumichika vuelve a alcanzar a Ganju y dejarle aún más herido, comienza a oír cerca suyo las voces de Ichigo llamando a su compañero, mientras está siendo perseguido por un número cada vez mayor de la pendenciera 11ª División. Manteniendo su idea de que la actitud de los Ryoka no es en absoluto hermosa y que está en su naturaleza que los seres feos como Ganju odien a los bellos como él mismo. Ganju consigue de nuevo despistar a Yumichika al hacerle ver que si Ichigo le está buscando, sin lugar a dudas Ikkaku ya ha sido derrotado, algo que desconcierta profundamente a Yumichika Ayasegawa, que no es otro que el 5º Oficial de la 11ª División. Aunque vuelve a recibir parte de la artillería pirotécnica de Ganju, el Shinigami logra pillarle por sorpresa y evitar que siga escabulléndose, hiriéndole en la espalda y lanzándole hacia uno de los antiguos pozos. Ganju se agarra al borde, algo que no deja de divertir a Yumichika, quien le sugiere que, ya que nació tan feo, al menos tuviese la deferencia de aceptar una muerte hermosa. Mas Ganju aprovecha su incómoda posición y convierte en arena el terreno que pisa Yumichika, haciendo que éste vacile y casi caiga al pozo, dándole el tiempo suficiente como para salir del lugar y realizar el Renka Seppa Shen, una versión ampliada del Seppa que obliga a Yumichika a saltar hacia las alturas para evitar caer en el pozo. Ganju sorprende por última vez a Yumichika en pleno vuelo, lanzándole uno de sus fuegos artificiales, que explota en su propio rostro y acaba traduciéndose en la derrota del narcisista Shinigami.

El mejor luchador a distancia: Uryū Ishida VS Jirōbō Ikkanzaka

Kenpachi pasa muy cerca de Ishida y Orihime, pero no llega a detectarlos, razón por la cual Ishida aventura -con acierto- que su capacidad de sentir la energía espiritual seguramente sea tan reducida como la de Ichigo. Al salir de su escondite, Orihime se fija a lo lejos en la Torre de la Penitencia, llamando la atención a Ishida de una forma tan providencial que, cuando su amigo le dirige la mirada ve con inusitada sorpresa cómo un Shinigami de gran estatura está a las espaldas de Orihime dispuesto a asestarle un golpe a traición. En cuestión de un parpadeo, Ishida reacciona y logra salvar a su amiga, igual de asombrada que él, mientras que su nuevo enemigo les da diez segundos para arrepentirse de sus pecados, asegurándoles que una vez que se han topado con él, su derrota es inevitable. Pasado el plazo, el Shinigami vuelve a descargar sobre ellos su Zanpaku-tō, esquivándola ambos amigos. Orihime lanza sobre él su Koten Zanshun, mas de un mandoble su enemigo hiere a Tsubaki, a la vez que le dice a la sorprendida muchacha que si su ataque carece de voluntad asesina jamás podrá herir a un Shinigami, tras lo cual descarga sobre ella su Zanpaku-tō.

Ishida desvía el ataque del Shinigami de un flechazo, hiriéndole en la mano derecha y retándole a que luche con él, si es que en verdad busca a alguien con instintos asesinos. Gratamente sorprendido de haberse encontrado con dos Ryoka cuyos ataques son armas a distancia, el Shinigami libera su Zanpaku-tō, Tsunzakigarasu, a la vez que se presenta como el 4º Oficial de la 7ª División, Jirōbō Ikkanzaka, conocido popularmente como el "Kamaitachi", por ser considerado el mayor experto en armas a distancia de la Sociedad de Almas. El Quincy pone en entredicha la aseveración de Jirōbō al destruir con sus flechas todas las hojas voladoras de la Zanpaku-tō de su oponente y agujereándole la mano izquierda cuando éste se disponía a volver a desplegar en el aire más filos cortantes. Lleno de furia, Jirōbō se gira hacia Orihime con el propósito de atacarla, mas Ishida se interpone criticando su cobardía y su total falta del orgullo que hace famosos a los Quincy. En contraposición a las palabras iniciales de presentación de Jirōbō, Ishida no le da ni un solo segundo para que se arrepienta y le traspasa el centro de sus poderes espirituales dejándolo inconsciente y asegurando que cuando se despierte ya no podrá volver a ser Shinigami nunca más. Orihime agradece a Ishida que la defendiera y reanuda con él su viaje, sin dejarse de echarse en cara a sí misma lo poco que ha progresado en los últimos días, en contraste con la evidente mejora que se ha apreciado en los poderes del Quincy.

Un nuevo aliado: Hanatarō Yamada

Tras sus respectivos combates con Ikkaku y Yumichika, Ichigo y Ganju logran reunirse de nuevo, aunque en una incómoda situación, ya que están siendo perseguidos por buena parte de la 11ª División y no tardan en quedar arrinconados por un gran número de Shinigami. Mientras piensan en una forma de luchar a la vez con tantos enemigos, un pequeño tumulto y unos cuantos empujones hacen que un enclenque Shinigami de la 4ª División que se ha separado accidentalmente de su pelotón de salvamento caiga a los pies de Ichigo y de Ganju. A un mismo tiempo, Ichigo y Ganju deciden tomar como rehén a ese Shinigami para poder escapar, con tan mala suerte de no descubrir hasta que es demasiado tarde que a los brutales guerreros de la 11ª División no les importa en absoluto lo que consideran un debilucho de la 4ª División. Tan incómoda situación es resuelta gracias a una explosión que revienta la pared sobre la que se encuentra la mitad de los Shinigami de la 11ª División, momento que es aprovechado por los intrusos y su rehén para escapar, echándose encima de los combatientes restantes. Irónicamente, el causante de la detonación era Chad, mas no llega a reencontrarse con sus amigos, pues cuando el humo se dispersa, éstos ya han huido, así que se encarga de los Shinigami que aún quedan en pie y prosigue su camino solo.

Ya convenientemente refugiados, el Shinigami que ha acompañado a Ichigo y Ganju se presenta como Hanatarō Yamada, y aunque los dos Ryoka se burlan de su nombre y siguen discutiendo sobre si ha sido una buena idea llevárselo consigo, el aludido ofrece su ayuda para llevarles a la Torre de la Penitencia sin toparse con nadie. Explicándoles que la 4ª División es la encargada del abastecimiento en el Seireitei y de los cuidados médicos, Hanatarō guía a Ichigo y Ganju por la red de alcantarillado. Ichigo no tarda en preguntarle a Hanatarō la razón por la que los está ayudando, ante lo cual el Shinigami le responde que había conocido a Rukia cuando se encontraba en la celda de la 6ª División, por ser él el encargado de la limpieza del lugar, y que allí le habló largo y tendido de Ichigo. Rukia contó a Hanatarō que, sin quererlo, había alterado el destino de Ichigo, y que a causa de ello nunca podría llegar a compensarle del todo. Al saber esto, tanto Ganju como Ichigo (quien además cree firmemente que la aseveración de Rukia debería decírsela él a su amiga, y no viceversa) se sienten profundamente conmovidos, y se reafirman en el deseo de salvarla.

Por otra parte, en el cuartel general de la 4ª División, Mayuri Kurotsuchi interroga a un convaleciente Ikkaku Madarame, no dudando en amenazarle pese a las peticiones de una enfermera y de su propia Subcapitana, Nemu. Al no querer decirle a Mayuri nada acerca de Ichigo, éste se dispone a golpearle, pero es oportunamente detenido por Kenpachi, que obliga a que los altos mandos de la 12ª División se retiren del lugar. Una vez que están solos Kenpachi, Yachiru e Ikkaku, el 3º Oficial revela a su Capitán que Ichigo es realmente fuerte, que su poder está en constante aumento y que se dirige a la Torre de la Penitencia.

El Seireitei se sume en la confusión

El lamento de un perro vagabundo: Ichigo Kurosaki VS Renji Abarai (Ronda 2)

Yasochika Iemura, el 3º Oficial de la 4ª División, notifica a varios Subcapitanes que Ikkaku y Yumichika han sufrido graves heridas en sus respectivos combates y que la 11ª División ha sido prácticamente aniquilada, además de anunciar que Hanatarō ha sido tomado como rehén. Por su parte, Iba comenta que Jirōbō, el 4º Oficial de su división, lleva mucho tiempo sin dar señales de vida, por lo que los Subcapitanes comienzan a inquietarse. Hinamori vuelve la mirada hacia Renji, sorprendiéndose al ver que ha desaparecido de repente. Éste, sabiendo que el objetivo de Ichigo es rescatar a Rukia y que cuenta con la colaboración de Hanatarō, les espera frente a la salida de la alcantarilla más próxima al Palacio de la Penitencia. Hanatarō lo reconoce inmediatamente como el Subcapitán de la 6ª División, alarmando considerablemente a Ganju, mas Ichigo está decidido a enfrentarse a él. Ambos luchadores cruzan sus espadas y comienzan a pelear, y presionando hasta tal punto Ichigo a Renji que Ganju y Hanatarō no dejan de percibir que su amigo tiene opciones de salir victorioso, pese a combatir contra un subcapitán.

Renji le pregunta a Ichigo cómo piensa rescatar a Rukia, habiendo tantos capitanes y subcapitanes con los que enfrentarse hasta llegar a ella, e Ichigo le responde con su acostumbrada seguridad en sí mismo, asegurando que la rescatará aunque tenga que luchar con un millar de Shinigami. Aparentemente, Renji decide ponerse serio y libera su Zanpaku-tō, Zabimaru, con una violencia tal que envía a Ichigo a varios metros de distancia, golpeando con tanta fuerza a un edificio que llega a romper la pared. Renji acusa a Ichigo de haberse confiado en exceso, al haber supuesto que su nivel sería el mismo que en su anterior encuentro en Karakura, mas en realidad todos los Shinigami de rango capitán o subcapitán sufren una limitación a sus poderes al entrar en el mundo de los vivos: así, el Renji que está luchando en esos mismos instantes es cinco veces más fuerte que aquél que combatió con Ichigo en la primera ocasión. Esto no afecta demasiado a Ichigo, ya que sale de entre los escombros con una herida en la cabeza pero convencido de que aun así será capaz de derrotarlo. No obstante, los furiosos embates de Zabimaru siguen pasando factura a Ichigo, haciendo que siga perdiendo sangre y que se vaya debilitando paulatinamente, comenzando a alarmar a Hanatarō.

Al echarle en cara Renji a Ichigo que por su culpa Rukia va a morir, Ichigo le grita que por eso mismo va a salvarla, y al recibir un nuevo ataque de Zabimaru, finalmente Ichigo descubre que su enemigo sólo ataca tres veces seguidas con su Zanpaku-tō hasta que la repliega y la devuelve a su forma original. Aprovechando los consejos que en su momento le dio Urahara al respecto, Ichigo esquiva y para tres golpes más de Zabimaru y, antes de que Renji pueda preparar una nueva ofensiva, Ichigo se lanza hacia él. Sin embargo, Renji es capaz de sortear la arremetida de su oponente y de un tajo le abre una gran herida en el hombro izquierdo que le deja postrado en el suelo. El Subcapitán de la 6ª División reconoce la astucia de Ichigo, pero mantiene que él es más rápido y por tanto Ichigo jamás podrá salvar a Rukia, ya que antes él lo matará. Entonces Ichigo recuerda una otra experiencia vivida durante su entrenamiento con Urahara, en la que le censuró porque su espada sólo transmitía "miedo" (de herir, de ser herido, de que alguien muera) y le enseñó que debía imponer su voluntad de no resultar herido, de proteger y de golpear a quien se oponga en su camino. Con la mano desnuda, Ichigo detiene a Zabimaru, y en un portentoso despliegue de poder espiritual, no sólo avisa a Renji de que va a herirle, sino que de hecho lo hace, quebrándole a Zabimaru y atravesándole de arriba abajo la parte izquierda del tórax y el abdomen.

Sabiéndose derrotado, Renji recuerda cómo se conocieron, muchos años atrás, Rukia y él. Amigos desde la infancia, tuvieron que aprender a sobrevivir en uno de los lugares más peligrosos del Rukongai y, cuando todos sus demás compañeros de aventuras habían muerto, finalmente optaron por ingresar en la Academia para llegar a ser Shinigami. Allí, Renji y Rukia entraron en clases diferentes, y cuando Rukia recibió la oferta de ser adoptada por el Clan Noble de los Kuchiki, en vez de tratar de mantenerse junto a ella y apoyarla, Renji la animó a aceptar la oferta, y finalmente ambos amigos acabaron separándose. Reconociendo que siempre ha deseado derrotar a Byakuya Kuchiki y recuperar a Rukia, entrenándose con todas sus energías y esforzándose al máximo, finalmente Renji le suplica a Ichigo que salve a Rukia, ya que él no ha sido capaz, y pierde el sentido. Ichigo también se desmaya, por la gran cantidad de sangre perdida, mas Ganju y Hanatarō huyen con él de nuevo a las alcantarillas al ver cómo se acerca un pelotón de Shinigami comandados por Izuru Kira, el Subcapitán de la 3ª División, que había sido previamente puesto en aviso por una preocupada Hinamori de la desaparición de Renji.

Flor en el precipicio: el asesinato de Sōsuke Aizen

Al mismo tiempo que Hanatarō comienza a curar a Ichigo, Kira lleva a Renji a presencia de Hinamori, quien se dispone a avisar a la 4ª División hasta que es súbitamente interrumpida por Byakuya Kuchiki, Capitán de la 6ª División y superior de Renji, quien ordena que lo metan directamente en un calabozo por haber partido sin permiso y haber sido derrotado. Hinamori esboza una protesta, pero es interrumpida por Kira, y Byakuya se marcha sin decir una palabra más. Inmediatamente después hace su aparición Gin Ichimaru, el líder de Kira, quien se lo lleva consigo no sin antes asegurar que él se encargará de avisar a la 4ª División. El último capitán en aparecer de improviso es Tōshirō Hitsugaya, de la 10ª División, y amigo personal de Hinamori. Éste la recomienda que se ande con pies de plomo con los miembros de la 3ª División, especialmente con Ichimaru, ya que tras su discusión con Aizen no confía en él. De hecho, el Comandante General Yamamoto ha decidido pasar por alto las acciones de Ichimaru en la Puerta Oeste dadas las complejas circunstancias que vive actualmente el Seireitei y decreta un estado de máxima alerta, permitiendo a todos los cargos superiores portar sus Zanpaku-tō y liberarlas, si la ocasión lo requiere.

Las nuevas noticias preocupan más si cabe a Hinamori, quien acaba por armarse de valor y visitar por la noche al Capitán Aizen, pidiéndole quedarse con él en silencio mientras continúa escribiendo, ya que es incapaz de escribir. Con una sonrisa, Aizen la deja pasar y le comunica que la vida de Renji está a salvo, y también su puesto, pese a las presiones de Byakuya de que fuera degradado. Hinamori acaba quedándose dormida y, cuando se despierta, acude a toda velocidad a la reunión de subcapitanes. Una espantosa visión paraliza a la Subcapitana de la 5ª División por completo, ya que se encuentra en su camino con el cuerpo de Aizen brutalmente asesinado, y con un estremecedor grito, alerta a varios subcapitanes que estaban en las proximidades. Al ver cómo se acerca a ella un sonriente Ichimaru, Hinamori recuerda la advertencia de Hitsugaya y, loca de furia, le ataca con su Zanpaku-tō. Kira se interpone entre Hinamori e Ichimaru, intentando hacer razonar a su amiga, pero ésta se encuentra fuera de sí y libera a Tobiume, lanzando bolas de fuego explosivas a Kira. Éste también libera su Zanpaku-tō, Wabisuke, mas antes de que el enfrentamiento entre los dos llegue a más, Hitsugaya interviene y, con ayuda de los demás subcapitanes presentes, logra separar a Kira y Hinamori. Ambos son llevados a prisión, mas antes de marcharse Hitsugaya amenaza a Ichimaru con matarle si se atreve a derramar una sola gota de sangre de Hinamori.

Ya en su celda, Hinamori recibe de manos de Matsumoto, la Subcapitana de la 10ª División, una carta encontrada en la habitación de Aizen y que estaba dirigida a ella misma. Cuando la abre, ya con Matsumoto fuera de escena, Hinamori lee a la vez que su cara se demuda en una máscara de horror las sospechas de Aizen y el nombre de la persona que iba a asesinarle. Tiempo después, el cuerpo de Aizen es llevado a las dependencias de la 4ª División, donde es examinado por la Capitana Yachiru Unohana. Según sus propias palabras, tras las pruebas realizadas no hay engaño posible y queda claro que el Capitán de la 5ª División ha fallecido. Los otros dos capitanes que han contemplado la escena, Sajin Komamura y Kaname Tōsen, líderes de las divisiones 7ª y 9ª, son recibidos a la salida por sus respectivos subcapitanes, Tetsuzaemon Iba y Shūhei Hisagi. Tōsen comenta con pesar que odia las batallas y que hay que evitar las luchas, siempre que sea posible, pero reconoce verse obligado a intervenir, ya que así podrán averiguar cuanto antes qué es lo que ha ocurrido con Aizen.

En el refugio improvisado en que se han convertido las alcantarillas, Hanatarō se ha pasado toda la noche curando a Ichigo y a Ganju, y a causa de la fatiga se ha quedado dormido. No obstante, mientras estaba sanando las numerosas heridas de Ichigo, se sorprendió enormemente al ver entre sus ropas la máscara de un Hollow, que no tenía ni idea de dónde podía haber salido. Tras esperar a que Hanatarō se tome una píldora reconstituyente de dudoso efecto, Ichigo, Ganju y él salen de su escondite y se dirigen a todo correr a la Torre de la Penitencia, para encontrarse con un nuevo y aún más peligroso enemigo.

Los Capitanes se unen a la lucha

Lucha contra el no-muerto: Ichigo Kurosaki VS Kenpachi Zaraki

Después de haberle buscado durante todo el día anterior, Kenpachi Zaraki, Capitán de la 11ª División, acaba dando con Ichigo cuando éste se dirige a toda velocidad a la Torre de la Penitencia. La magnitud del poder espiritual de Kenpachi y su instinto asesino es tan grande que Hanatarō pierde el resuello, e Ichigo siente la presencia de su enemigo como una espada en el cuello y como si le hubiese perforado el cuello, aun antes de haberse acercado a él. Impresionado ante el gigantesco poder de Kenpachi, Ichigo convence a Ganju de que huya con Hanatarō y vaya en rescate de Rukia, ante lo cual tanto Kenpachi como Yachiru permanecen impasibles. Según le dice Kenpachi a Ichigo, su único deseo es luchar a muerte con él, y no le interesa en absoluto lo que le ocurra a Rukia o a sus amigos. De echo el brutal Shinigami se abre el uniforme y deja su pecho al descubierto, permitiéndole a Ichigo que tome ventaja y le hiera en primer lugar. En un principio, Ichigo se niega a atacar a un hombre desarmado, mas Kenpachi le insta a hacerlo, cosa que hace con tanta fuerza que llegan a sangrarle las manos. Sin embargo, y para sorpresa suya, aunque Zangetsu haya impactado de lleno en su torso, Kenpachi no sufre ni un solo rasguño. Yachiru le dice a Ichigo que no puede hacer daño a Kenpachi porque su espada no tiene filo, cosa que ratifica el propio capitán al reconocer que la energía espiritual que él desprende de manera inconsciente es mayor que la dirigida por Ichigo con todas sus ganas de matar.

Al principio, Ichigo se deja llevar por el pánico y huye de Kenpachi, tratando de sortearle en diversos recodos y recibiendo unas pocas heridas superficiales como resultado. A lo lejos, siente como la presencia espiritual de Chad se tambalea (ya que en aquellos momentos él también está luchando), casi desaparece y vuelve a parpadear levemente, y entonces recuerda que él debe proteger a sus amigos. Con los ánimos recobrados y sabiendo que debe mantener su papel de cargar sobre sus hombros con las vidas de sus seres queridos, Ichigo regresa a Kenpachi y logra herirle en el pecho, algo que alegra enormemente al Capitán de la 11ª División y que hace que ataque con más ganas, poniendo en serios aprietos a Ichigo. Cuando se entera de que Kenpachi usa un parche en el ojo y cascabeles en el pelo para dar más ventaja a sus enemigos y así poder disfrutar en mayor medida del combate, Ichigo le pregunta si acaso le está subestimando y si por ello no libera su Zanpaku-tō. Kenpachi le responde que su Zanpaku-tō ya está liberada, pues debido a su incontrolable poder espiritual, nunca se ha esforzado en sellarla ni en saber su nombre. Ahora Ichigo está convencido de poder con Kenpachi, si es que no puede hacerse más fuerte, mas su enemigo le recrimina que ahora él es el subestimado, y como muestra perfora con su espada a Zangetsu y hunde su arma en el pecho de Ichigo, lamentando que un rival tan prometedor se haya confiado y haya acabado decepcionándole.

En medio de estertores, Ichigo ve cómo Kenpachi se aleja de él y, para sorpresa suya, aparece Zangetsu. Su Zanpaku-tō le pregunta si desea vivir o vencer, y al responder Ichigo esto último, se lo lleva consigo a su mundo interior. Allí, Zangetsu le da a Ichigo una Asauchi, una Zanpaku-tō sellada que usan los Shinigami de bajo nivel, y le explica que si quiere ser digno de blandir a Zangetsu, antes deberá luchar contra él mismo. Tal y como dice Zangetsu, el enemigo de Ichigo es el propio Ichigo, pero éste se ve portando a la verdadera Zangetsu, y todo él blanco a excepción de su esclerótica, negra. Ichigo queda impresionado al ver el manejo de Zangetsu que tiene su otro yo, que demuestra ser bastante superior al suyo propio, y comienza a comprender que no se ha merecido utilizar a Zangetsu desde que supo liberarla, ya que no se ha preocupado en absoluto por ella ni por saber extraer su poder de su filo. Ichigo acaba aceptando que no se diferencia mucho de Kenpachi y le pide otra oportunidad a Zangetsu para conocerla y luchar junto a ella, no utilizándola como una mera herramienta. Zangetsu accede en silencio e instantáneamente la Asauchi pasa a estar a manos del otro Ichigo (que en realidad encarna a su parte Hollow), mientras que en el mundo exterior Ichigo vuelve a levantarse con Zangetsu restaurada, listo para seguir combatiendo con Kenpachi. En el mundo interior de Ichigo, la parte Hollow se despide de Zangetsu pidiéndole que cuide bien a Ichigo, pues su poder llegará a ser suyo algún día. Una vez que queda solo, el espíritu de la Zanpaku-tō le pide a Ichigo que crea en él y que aprenda que no nunca lucha solo, pues él está a su lado.

Kenpachi no disimula su pasmo al ver aún con vida y con fuerzas renovadas a Ichigo, llegando a ser herido en sus hombros por él antes de que pueda hacer nada por evitarlo. Ichigo está dispuesto a acabar la lucha cuanto antes, mas Kenpachi se opone, pues según él la cosa está comenzando a ponerse interesante, y sin más se lanza hacia Ichigo, resultando ambos heridos en sendas mejillas. Ichigo se encuentra igual de estupefacto que su enemigo, y le pregunta si acaso no tiene medio al dolor y a la muerte, a lo que Kenpachi responde que esas emociones son nimiedades a pagar a cambio de disfrutar de un buen combate. Totalmente eufórico por haber encontrado un adversario con el que luchar de igual a igual, Kenpachi se retira su parche y así libera todo su inmenso poder espiritual, al explicarle a Ichigo que el Departamento de Investigación y Desarrollo le dio un artefacto así para que fuese capaz de contenerse en las luchas y se divirtiera más con ellas. Sintiéndose apoyado por Zangetsu a la vez que oye en su interior la frustración de la Zanpaku-tō de Kenpachi, Ichigo dispara todo el poder espiritual que le resta a él y a Zangetsu y arremete con todo su ímpetu contra Kenpachi, que ha hecho lo propio. En el choque definitivo no sólo se derrumban buena parte de los edificios aledaños, ante la magnitud de las energía desprendidas, sino que además ambos contendientes se hieren mutuamente y caen, envueltos en un charco de sangre.

Una vez que la cruenta lucha ha finalizado, Yachiru baja del tejado desde donde lo había observado todo y se lleva a Kenpachi, no sin antes agradecer a un Ichigo que se encuentra próximo a la muerte que haya hecho pasar un buen rato al Capitán de la 11ª División, y que espera que algún día vuelva a "jugar" con él. Cuando Kenpachi recobra el conocimiento se alegra de saber que probablemente Ichigo siga con vida, y expresa su deseo de poder devolverle su derrota algún día. Yachiru trata de decirle que él no ha sido derrotado, ya que Ichigo luchaba al lado de su Zanpaku-tō, mas antes de volver a perder la consciencia expresa sus deseos de comunicarse con su Zanpaku-tō y llegar a saber algún día cómo se llama, ya que tanto él como Yachiru supieron en el pasado lo que era vivir sin un nombre.

El tigre y las flores: Yasutora Sado VS Shunsui Kyōraku

Poco después de que Ichigo y Kenpachi comenzasen a combatir, los pasos de Chad lo guiaron hasta las dependencias de la 8ª División, donde acabó enfrentándose a su 3º Oficial, Tatsufusa Enjōji. De un solo puñetazo, Chad envía a su enemigo a varios metros de distancia y se gana las palabras de respeto del mismísimo Capitán Syunsui Kyōraku, quien efectúa una teatral entrada al aparecer rodeado de pétalos de rosa que le lanza desde arriba, siguiendo sus órdenes, su Subcapitana, Nanao Ise. Chad está empeñado en seguir su camino, pero Kyōraku le ofrece quedarse con él y tomarse unas copas juntos, afirmando que no le gusta en absoluto pelear, y que tiene la orden de no dejarle pasar más allá. Kyōraku llega a sacar su botella de sake, pero al escapársele la mención de que otros capitanes ya están sobre la pista de sus amigos, Chad se reafirma en su idea de continuar con su camino y lanza una potente descarga de energía al afable Capitán de la 8ª División, que no tiene el menor problema en desviarla con la mano. Los siguientes ataques son esquivados sin esfuerzo alguno por Kyōraku, hasta que éste decide levantarse y pedirle a Chad que se rinda y vuelva por donde ha venido, pues no duda en señalar que el poder de Chad es del tipo de los que desgastan la vida de su usuario cuando ha superado su límite de lanzamientos.

Ante la insistencia de Kyōraku, Chad le revela que está en la Sociedad de Almas para ayudar a Ichigo a salvar a Rukia. Viendo que no tiene nada que hacer y que por más que trate de razonar con él no va a hacerle caso, Kyōraku acaba desenvainando sus dos espadas y Chad se lanza hacia él, preparando un nuevo ataque. No obstante, Kyōraku vuelve a esquivar la poderosa técnica de Chad y le hiere gravemente bajo el pecho, derrotándolo de inmediato. Mientras observa sorprendido los destrozos causados por el último ataque de Chad, Nanao corre hacia él notificándole la muerte de Aizen, algo que deja totalmente congelado a Kyōraku. Decidido a ir a ver el cuerpo de Aizen, Nanao se percata de que Chad aún sigue con vida, mas antes de que le aseste el golpe final, Kyōraku la detiene con gentileza y le ordena que llame a la 4ª División, ya que si en verdad los Ryoka han asesinado a Aizen, deberán ser convenientemente interrogados y juzgados.

Encuentro en la Torre de la Penitencia

Después de haberse encargado de los guardianes de la Torre de la Penitencia, Ganju y Hanatarō logran acceder a ella con la ayuda de la llave que el último ha robado. Sin dejar de comentar los esfuerzos que se están tomando todos en rescatar a la tal Rukia, Ganju se queda paralizado al mirar cara a cara a la prisionera y reconocer en ella a la Shinigami que mató a su hermano. Con sorpresa, Rukia reconoce a Hanatarō y acaba identificando también a Ganju como un miembro del Clan Shiba por sus vestiduras. Ganju no tarda en acusar a Rukia, totalmente fuera de sí, y aunque Hanatarō sale en su defensa, la Shinigami acepta los cargos que se le imputan y afirma haber sido quien acabó con la vida de Kaien Shiba. Aún más furioso al oír de sus propios labios esa frase, Ganju sujeta a Rukia, mas ésta no se asusta en ningún momento e incluso le dice que puede matarla, si ese es su deseo, porque no hará nada por evitarlo. La tensa situación se complica más cuando, fuera de la Torre de la Penitencia, los presentes perciben la llegada de un personaje dueño de un enorme poder espiritual, que resulta ser el mismísimo Byakuya Kuchiki, Capitán de la 6ª División y hermano adoptivo de Rukia. Sabiendo que es un enemigo que les supera a todos, Ganju se plantea rendirse, al negarse a luchar por alguien como Rukia, mas al ver que Hanatarō está dispuesto a sacrificarse por ella y enfrentarse a Byakuya, Ganju se le adelanta y le reta a combatir con él.

No muy lejos de aquel lugar, Ichigo se despierta totalmente restablecido y en un refugio totalmente desconocido para él. A su lado se encuentra Yoruichi, quien lo ha rescatado y le ha sanado las heridas. El gato se muestra bastante interesado en saber de dónde ha salido una máscara de Hollow que ha encontrado entre la ropa de Ichigo y que le ha salvado la vida atenuando un golpe en el pecho, mas Ichigo no sabe responderle y se alegra de volver a ver esa máscara, que creía perdida tras su combate con Renji, cuando Hanatarō insistió en tirarla a la alcantarilla. Este dato no hace más que preocupar a Yoruichi, que insiste en quedarse con la máscara. Al rato, cuando Ichigo le pregunta cómo le ha llevado hasta aquel lugar, Yoruichi se da cuenta de que aún no ha visto su forma auténtica y se transforma en una hermosa mujer de piel oscura, dejando estupefacto y sin palabras a Ichigo. Después de haberse vestido, Yoruichi le explica a Ichigo que le ha podido llevar a un lugar seguro por medio de un artefacto que le permite volar, mas antes de que el joven pueda seguir haciéndole preguntas acerca de su identidad, ambos sienten desplegarse el poder espiritual de Byakuya Kuchiki en la Torre de la Penitencia, e Ichigo utiliza el armatoste de Yoruichi para acudir allí a toda velocidad.

Ganju no tiene ningún plan de ataque a Byakuya, y se limita a tratar de tirarle algunos de sus fuegos artificiales, mas éste es muchísimo más rápido que él y le hiere en el brazo. Aludiendo al honor de la familia Shiba, Ganju se niega a huir, pero la sola mención de aquel clan hace que Byakuya reaccione y decida ponerse serio, liberando a Senbonzakura y, pese a los gritos y ruegos de Rukia, infringiendo heridas a Ganju por todo el cuerpo y derrotándole por completo. Seguidamente, Byakuya se dirige hacia Hanatarō y Rukia, que se ha interpuesto entre los dos, mas es detenido por el hasta entonces ausente Capitán de la 13ª División, Jūshirō Ukitake, además el superior de Rukia. Byakuya le explica a Ukitake que, tras la muerte de Aizen, se ha permitido el uso de las Zanpaku-tō incluso en sitios como las proximidades de la Torre de la Penitencia, pero su diálogo es interrumpido por Ichigo. En un primer momento, éste se dirige antes a Hanatarō, preguntándole por su estado y por Ganju, y finalmente acaba produciéndose el ansiado reencuentro entre él y Rukia. Con lágrimas en los ojos, la Shinigami le echa en cara que haya desoído sus palabras y que haya acudido de todos modos en su rescate, más aún al ver el daño que ha ocasionado a tantas personas. Ichigo y Rukia vuelven a discutir como en los viejos tiempos, al empeñarse el primero en rescatar a la segunda pese a lo que ella desee, y le recomienda que deje de preocuparse por él y mire un poco más por sí misma. En ese momento, Rukia y Ukitake ven claramente cómo Ichigo se asemeja a una persona que conocieron en el pasado.

Byakuya despliega su poder espiritual, aunque Ichigo no se ve afectado por éste. Denotando que ha mejorado bastante desde su último encuentro y que debería haberse quedado en su casa en vez de haber ido a morir a la Sociedad de Almas, Byakuya denomina "delirios de grandeza" al hecho de que Ichigo llegue a plantearse poder vencerlo algún día y de repente desaparece de la vista de su enemigo. Reconociendo Ichigo que Byakuya ha usado el Shunpo, reacciona con la suficiente velocidad como para detener con su Zanpaku-tō el golpe que Byakuya le iba a asestar a sus espaldas. Comentando que no desea que el ego de Ichigo siga en aumento al haber podido detener su Zanpaku-tō en una ocasión, Byakuya se prepara para volver a liberarla, pero es detenido por Yoruichi, cuya sola aparición llena de desconcierto a Byakuya y a Ukitake. Entonces es reconocida como Yoruichi Shihōin, la antigua Comandante Suprema de las Fuerzas Especiales y líder de la Milicia Ejecutora, desaparecida hacía más de cien años. Ichigo pide a Yoruichi que se aparte para poder luchar con Byakuya, pero ella le abre la herida del vientre y le deja fuera de combate. Ukitake adivina rápidamente que Yoruichi en realidad le ha aplicado un medicamento a Ichigo y que se propone huir cargándole a su espalda, por lo que Byakuya afirma que no lo permitirá. Sarcásticamente, Yoruichi le recuerda que en el pasado Byakuya nunca fue capaz de ganarle al pilla-pilla, y como muestra se establece entre ellos una auténtica competición de Shunpo, de la cual acaba saliendo victoriosa Yoruichi, quien se despide avisando a Byakuya de que, dentro de tres días, Ichigo estará listo para derrotarlo. Seguidamente, y recordando su antiguo título de "Diosa del Shunpo", Yoruichi desaparece.

Afirmando haber perdido el interés en el resto de intrusos, Byakuya se marcha del lugar de los hechos. A causa de la tensión vivida y la presión espiritual que ha debido soportar tras haber estado confinada en la torre, Rukia se desmaya al poco de la partida de Byakuya. Ukitake llama a sus dos 3º Oficiales, Sentarō Kotsubaki y Kiyone Kotetsu, y les ordena que lleven a Rukia de vuelta a la celda y que avisen a la 4ª División. Hanatarō trata de oponerse a que Rukia vuelva a ser encerrada, mas al rato ve que Ukitake, Sentarō y Kiyone también lamentan la situación y tratan en la medida de lo posible ayudar a los Ryoka, pues aunque estén utilizando medios que no dudan en censurar, al menos intentan ayudar a un miembro de la 13ª División que ha sido injustamente condenado a muerte. Algo después se verá que Sentarō y Kiyone también se han encargado de llevar a Hanatarō a presencia de su superiora, la Capitana Unohana, quien determina que, pese a que ha sido tomado como un rehén, es innegable que ha colaborado con los Ryoka y ha contribuido a sembrar el desorden en el Seireitei, así que decide encerrarle temporalmente, hasta que todo vuelva a la calma.

Ya de regreso a su refugio, Ichigo arremete contra Yoruichi por no haber rescatado a Rukia. Ésta le responde con calma que no lo ha hecho porque, de todas las personas posibles, él es el único que podría volverse tan fuerte en tres días como para derrotar a Byakuya Kuchiki, y justifica el haber dejado atrás a Ganju y Hanatarō por estar protegidos por un hombre justo e íntegro como es Ukitake. Yoruichi le enseña a Ichigo que las Zanpaku-tō pueden tener dos liberaciones: la inicial, o shikai y una completa, denominada bankai, que requiere varios años de entrenamiento y que sólo conocen doce de los trece Capitanes actuales del Gotei 13 (la excepción es Kenpachi Zaraki). Con el bankai la fuerza de una Zanpaku-tō puede verse incrementada de un orden de cinco a diez veces, y aunque requiera muchos años de esfuerzo el lograrlo, ella se propone utilizar un medio más peligroso con Ichigo para conseguirlo en sólo tres días.

Genialidad contra locura: Uryū Ishida VS Mayuri Kurotsuchi

Ishida y Orihime continúan pasando desapercibidos por el Seireitei, gracias a la idea de Orihime de "tomar prestados" uniformes de Shinigami. Gracias a ello, no tardan en saber que Rukia se encuentra en la Torre de la Penitencia, y hacia allí parten. La noche anterior Orihime ha estado tratando de curar a Tsubaki, mas el tratamiento aún no ha finalizado, e Ishida llega a la conclusión de que su amiga no está hecha para la guerra, y que quizás lo mejor para ella sea mantenerse al margen de los enfrentamientos. Sus cavilaciones son interrumpidas por un Shinigami medio borracho que les da el alto, preguntándoles a qué división pertenecen. Ishida responde que ambos son miembros de la 11ª División, pero desafortunadamente el Shinigami que les ha llamado la atención también lo es, y reconoce por el embozo de sus uniformes que han mentido, y que, teóricamente, deberían pertenecer a la 12ª División. Antes de que el asunto pase a mayores, llegan Shinigami de la 12ª División extrañamente amigables, que dejan fuera de combate al borrachín y ofrecen a Ishida y a Orihime acompañarles al cuartel general. Ishida se da cuenta de que algo no marcha bien en todo aquello, y cuando trata de llamar la atención a Orihime, sobreviene sobre ellos una explosión. Los amables Shinigami que habían acudido en su ayuda eran simples señuelos a los que el cruel Capitán de la 12ª División, Mayuri Kurotsuchi, les había implantado bombas. Descubierto el ardid, Mayuri implacablemente hace explotar a todos sus subordinados.

Gracias a que anteriormente Orihime había aprendido a convocar a sus Rikka sin necesidad de llamarlos a cada uno por su nombre, logra salvarse a sí misma, así como a Ishida y al Shinigami de la 11ª División, por medio del Santen Kesshun, y despertando de paso la curiosidad de Mayuri por tan extraña técnica. Mayuri ofrece a Orihime lo que él considera la mejor oferta posible para que ésta sea su sujeto de investigación, mas Ishida no pierde el tiempo y, a gran velocidad, se coloca a las espaldas de Mayuri y le amenaza con una flecha. Mayuri reconoce inmediatamente a Ishida como un miembro de los Quincy, pero se disculpa ante él diciendo que ya no le interesan este particular tipo de humanos, pues ya terminó de analizarlos en el pasado. Al presentarse Mayuri como el Capitán de la 12ª División y además como Presidente del Departamento de Investigación y Desarrollo, Ishida obliga al Shinigami de la 11ª División, que más tarde se presenta como Makizō Aramaki, a que huya del lugar y se lleve a Orihime a la fuerza, algo que acaba haciendo dejando fuera de combate a la muchacha. Mayuri dice que no ha dado permiso a nadie de que se vaya y alarga su brazo hasta proporciones inimaginables, gracias a llevar unos implantes mecánicos. Ishida dispara a su enemigo al brazo, evitando así que Mayuri alcance al apodado "Maki-Maki", destruyéndoselo y obligándole a retirárselo y regenerarlo con la ayuda de un suero especial que, según él, le provoca horribles dolores.

Mediante el uso del Hirenkyaku, como no duda en señalar Mayuri, Ishida trata de herirle con sus flechas, mas el dominio del Shunpo del Shinigami es suficiente como para que las esquive y no lleguen siquiera a rozarle. Diciendo que es una persona muy ocupada y que no puede perder el tiempo con gente como Ishida, ya que debe encontrar cuanto antes a Orihime y examinarla, Mayuri libera su Zanpaku-tō, Ashisogi Jizō. De la nada aparece Nemu, la Subcapitana de Mayuri, y actúa como escudo humano sujetando a Ishida el tiempo suficiente para que su líder ataque, hiriendo a Ishida en el hombro con Ashisogi Jizō y a la propia Nemu aún con más gravedad, seccionándole la espalda. Aún incapaz de reaccionar a causa del estupor, Ishida contempla cómo Mayuri contempla a Nemu, recriminándole que haya soltado a Ishida y no le haya permitido herirle más profundamente y dándole una auténtica paliza al oír que ésta le pide el suero regenerador para sanarse. Ishida trata de salir en su defensa, pero Mayuri corta su alegato diciéndole que él creó a su Subcapitana, Nemu Kurotsuchi, combinando las tecnologías de un gigai y de un alma modificada, y que puede hacer con ella lo que desee. Dispuesto a ayudar a Nemu, Ishida trata de levantarse y entonces se percata de que la habilidad de Ashisogi Jizō es paralizar las extremidades que ha cortado pero sin eliminar la sensación de dolor, algo que demuestra Mayuri hiriéndole en el brazo y arrancándole desgarradores gritos.

Mayuri se cansa de Ishida y le ordena a Nemu que acabe con él, para recordar que ella también está paralizada, y vuelve a patearla, saliendo Ishida una vez más en su defensa. Mayuri comenta con malicia lo ridículo que es el llamado Orgullo Quincy, aludiendo a las innumerables torturas a las que sometió a los Quincy en el pasado y rememorando el último Quincy que pasó por sus manos, sólo unos años atrás, que no es otro que el propio abuelo de Ishida, Sōken. Comentando lo mucho que sufrió y las veces que repetía el nombre del que parecía ser su discípulo (el propio Ishida), Mayuri le enseña una foto de Sōken, muerto después de haber experimentado con él, lo que acaba provocando que Ishida se llegue a levantar imbuido de ira y, con un increíble despliegue de poder espiritual, jure matarlo por el Orgullo Quincy. Sorprendido al ver la técnica del Ransōtengai, que no había visto en ninguno de sus 2611 sujetos de investigación Quincy, Mayuri comenta que Ishida es un genio, y por fin se despierta su interés científico por él, y asegurarse experimentar tanto con él como con Orihime. Mas Ishida aún tiene un as bajo la manga y, desobedeciendo las recomendaciones de su abuelo, se retira el Guante Sanrei y, tal y como predijo, se produce un aumento exponencial de sus poderes, pero que dará término a sus días de Quincy una vez que se hayan dispersado las enormes cantidades de partículas espirituales que hay a su alrededor. Ishida adquiere así la llamada "Forma Final del Quincy", dejando boquiabierto a Mayuri, quien afirma que su enemigo ha superado con creces los límites permitidos a los humanos. Demostrando este hecho, Ishida logra atravesar con una de sus flechas a Mayuri, resultando en un ataque tan destructivo que le secciona su brazo izquierdo y parte de su costado. Fuera de sí, Mayuri lamenta no poder experimentar con Ishida y libera su bankai, Konjiki Ashisogi Jizō, revelando que es capaz de expeler una niebla venenosa a la que él es inmune en un radio de cien metros.

Pese a enfrentarse a un enemigo muy poderoso, y sin conocer con anterioridad nada sobre los bankai, Ishida reúne todas sus fuerzas restantes y lanza una única flecha a su enemigo. Se produce una increíble deflagración, tras la cual se ve que el bankai de Mayuri ha sido partido en dos y que el propio Capitán de la 12ª División tiene un boquete mortal de necesidad en el abdomen. Más rabioso que nunca, Mayuri utiliza su Zanpaku-tō para atravesarse el cuello y convertirse en un viscoso líquido de color verde, con el que logra sobrevivir, aunque reconoce que tardará unos días en recuperar su forma original. Despidiéndose con sarcasmo, Mayuri afirma que él vivirá, pero que el veneno de su bankai ya ha afectado a Ishida, y que su fin es irremediable. No obstante, la yaciente Nemu le ofrece a Ishida un frasco de antídoto y le da las gracias por no haber matado a Mayuri, al haber apuntado al tronco en lugar de a la cabeza, y aunque no es capaz de explicar por qué, se alegra de que su cruel padre-creador siga con vida. Seguidamente, y a petición de Nemu, Ishida parte en dirección a la Torre de la Penitencia notando que los poderes de Quincy le abandonan a cada paso que da, hasta que aparece delante suyo Kaname Tōsen, el Capitán de la 9ª División. Éste afirma no tener nada en contra de Ishida, pero por el bien de la justicia, debe acabar con él así que, sin más, libera su shikai, Suzumushi, y deja a Ishida sin sentido, para enviarlo más tarde a la celda donde ya se encuentran, curados de sus heridas, Ganju y Chad.


El entrenamiento intensivo de Ichigo

Yoruichi le explica a Ichigo que, si desea dominar el bankai en tres días, deberá llevar a su mundo a su Zanpaku-tō, para lo cual cuenta con un artefacto especial llamado Tenshintai, que le permitirá mantener el espíritu de Zangetsu materializada durante ese plazo de tiempo, obligándole a someterla en ese estrecho margen. Sin querer oír qué es lo que ocurriría si no lograse su objetivo en los tres días, Ichigo clava a Zangetsu en el Tenshintai y aparece el espíritu de su Zanpaku-tō, que hace crecer del suelo centenares de armas de muy variadas formas. La condición que Zangetsu impone en tan particular entrenamiento es encontrar, de entre todas las espadas ahí existentes, a la "verdadera" Zangetsu y herirle con ella. Así, ante los ojos de Yoruichi, Ichigo comienza a luchar con el espíritu de Zangetsu, primero con más dudas y temores y, con gran velocidad, adquiriendo cada vez más confianza en sí mismo y en sus opciones de adquirir el bankai. Según le dice Zangetsu, cada una de las espadas que están a su alrededor, y que apenas duran unos segundos en las manos de Ichigo antes de romperse, son fragmentos de su propia alma que encarnan sus más profundos temores, y que debe ir venciendo paulatinamente.

Cuando ha transcurrido el primer día de entrenamiento, Yoruichi concede un descanso a Ichigo y éste se sumerge en un estanque de aguas termales existentes en la gigantesca sala de entrenamiento, observando impresionado que en contacto con el agua sus heridas desaparecen. Intrigado por lo mucho que se asemeja el lugar donde se encuentra con la sala subterránea debajo de la Tienda de Urahara, le pregunta a Yoruichi sobre ello, y ésta acaba revelándole que en el mismo lugar se entrenó para dominar el bankai, muchos años atrás, el propio Urahara, y que aquel lugar era su escondite y "sala de juegos" cuando los dos eran jóvenes. Finalmente, y a consecuencia de las numerosas preguntas que le formula Ichigo, Yoruichi le cuenta que, tal y como sospechaba el joven, Urahara era un antiguo Shinigami de gran renombre en el Seireitei, ni más ni menos que el antiguo Capitán de la 12ª División y fundador y primer Presidente del Departamento de Investigación y Desarrollo.

Ya durante el segundo día, aparece de improviso en aquel lugar Renji Abarai, quien ha escapado de su celda y, buscando un refugio, acabó rastreando la energía espiritual de Ichigo y encontró su escondite. Allí, Renji no sólo reconoce haberse decidido a liberar él también a Rukia y apoyar a Ichigo, sino que también le avisa de que la fecha de la ejecución de Rukia ha vuelto a ser modificada, y que ha sido adelantada al mediodía del próximo día. Yoruichi está a punto de dejar llevarse por el desánimo, al comprender que en un plazo más estrecho las probabilidades de Ichigo se reducen drásticamente, mas éste interrumpe sus reflexiones y afirma que para el momento de la ejecución ya estará preparado. Y así, tanto Ichigo como Renji, empleando métodos diferentes, comienzan a adiestrarse contrarreloj en el dominio del bankai.

Comienzan las luchas internas en el Gotei 13

Las sospechas de Hinamori: Tōshirō Hitsugaya VS Gin Ichimaru

Después de haber soñado cómo se conocieron Ichimaru y ella, cuando apenas eran unos niños, Matsumoto se despierta en el despacho del Capitán Hitsugaya, donde al rato los dos reciben la sorprendente noticia de que los Subcapitanes Kira, Hinamori y Renji han huido de sus respectivas prisiones. Preocupado por la seguridad de Hinamori, Hitsugaya se adelanta y parte en busca de su amiga, saliendo al encuentro de Ichimaru y Kira. Hitsugaya acusa al Capitán de la 3ª División de haber liberado a su subordinado, al ser su celda la única que estaba abierta desde fuera, y se dispone a luchar con él cuando Hinamori interrumpe la confrontación e, inexplicablemente, amenaza con su Zanpaku-tō a Hitsugaya asegurándole que va a vengar la muerte del Capitán Aizen. Según rezaba la carta del difunto, había un motivo oculto detrás de la condena a muerte de Rukia, que no era otro que la activación del Sōkyoku, con el cual se liberaría un poder similar al de un millón de Zanpaku-tō, que podría destruir el Seireitei y ponerlo a los pies de la persona de la que sospechó desde un primer momento... Tōshirō Hitsugaya. El joven Capitán de la 10ª División, que no se esperaba de ningún modo algo así, se ve obligado a esquivar los ataques de una confundida y llorosa Hinamori sin llegar a entender qué es lo que ha ocurrido y cómo ha podido escribir Aizen una carta así. Al ver la macabra sonrisa de Ichimaru, Hitsugaya llega a la conclusión de que él falsificó la carta de Aizen para poner a Hinamori en su contra, pero cuando se dirige hacia él, Hinamori vuelve a cruzarse en su camino y se ve obligado a golpearla, dejándola sin conocimiento.

Aún más enfadado al ver que las manos de Hinamori estaban sangrando a causa de la fuerza con la que sujetaba su Zanpaku-tō, Hitsugaya libera la suya, Hyōrinmaru, considerada la más poderosa de las Zanpaku-tō de hielo. Hitsugaya dirige al dragón de hielo hacia Ichimaru y Kira, y aunque ambos logran escapar de él, Kira ve con sorpresa que sus brazos han sido alcanzados y están parcialmente congelados a causa del enorme poder del joven capitán. De nuevo Hitsugaya arremete contra Ichimaru, quien trata de destruir el hielo que se cierne sobre él, pero acaba con su brazo izquierdo congelado y aprisionado por la cadena de la Zanpaku-tō de Hitsugaya. No obstante, Ichimaru no parece en absoluto preocupado, ya que opta por liberar a Shinsō, pillando desprevenido a su oponente y obligándole a agacharse y liberarle para evitar el disparo asesino. Pese a ello, Shinsō prosigue su camino, dispuesta a acabar con la vida de Hinamori, y sólo en el último momento logra salvarla Matsumoto, al detener el shikai de Ichimaru con su propia Zanpaku-tō sellada, amenazando a su antiguo amigo a que baje la espada si no desea que ella se una a la lucha. Con una sonrisa en los labios, Ichimaru vuelve a sellar su Zanpaku-tō y se marcha, recomendándoles a Hitsugaya y Matsumoto que se ocupan de Hinamori en vez de perseguirle. Después de haber dejado a la Subcapitana de la 5ª División en la enfermería, en una sala cerrada por medio de artes Kidō, Hitsugaya y Matsumoto están aún más preocupados que antes, y finalmente optan por tratar de detener la ejecución de Rukia, al comprender que hay algo más grave y peligroso detrás de todo aquel asunto.

Nuevos recuerdos en la lluvia: la muerte de Kaien Shiba

Nada más saber que sólo le queda un día de vida a Rukia, Ukitake va a avisar a Byakuya de ello, tratando de ganarlo para su causa, pero éste le responde con frialdad que aquello no es asunto suyo, ni mucho menos del propio Ukitake, que en el pasado vio cómo moría un subordinado y no hizo nada para evitarlo. Esto hace que, tras recuperarse de un ataque de salud, Ukitake recuerde a su antiguo Subcapitán, Kaien Shiba, y se pregunte qué hubiera hecho él de estar en su lugar. En la Torre de la Penitencia, Rukia está pensando en ese mismo momento también en Kaien, recordando que, cuando ella entró en la 13ª División, fue él quien le dio la bienvenida, la hizo sentir como en casa y le ayudó a superar sus temores y ganar toda la confianza en sí misma que había perdido, después de separarse de Renji y de ser totalmente ignorada por Byakuya. Aquellos felices días tuvieron un brusco final cuando la mujer de Kaien, la 3º Oficial Miyako Shiba, fue asesinada por un extraño Hollow durante una misión. Esto afectó profundamente a toda la 13ª División, pues Miyako era una persona muy querida, pero en especial a Kaien, quien acudió junto a Ukitake y Rukia a la guarida de aquel Hollow y se puso a combatir con él sin preocuparse en absoluto por sí mismo. Lo que de ninguna forma esperaban ninguno de los presentes eran las extrañas habilidades de aquel Hollow, capaz de absorber la personalidad y las habilidades de todos los enemigos a los que derrotase y que simplemente con tocarle una Zanpakut-ō se desintegrase.

Con su Zanpaku-tō, Nejibana, convertida en polvo, Kaien ataca al Hollow con las manos desnudas e incluso a mordiscos, mas Ukitake impide que Rukia acuda en su auxilio, pues le recuerda que en esos instantes su Subcapitán no está peleando por salvar su vida, sino por mantener impoluto su honor y el de Miyako. Desgraciadamente, el Hollow acaba poseyendo a Kaien, por lo que Ukitake comienza a luchar con él, ordenando a Rukia que huya del lugar. Su enemigo responde al Capitán de la 13ª División que Kaien es totalmente irrecuperable, pues sus espíritus ya se han fusionado, por lo cual Ukitake no muestra ningún reparo en intentar matarle, hasta que se ve asaltado por un nuevo ataque de tos, circunstancia que es aprovechada por el Hollow-Kaien para huir del lugar. Tratando de levantarse, Ukitake ve que Rukia ha regresado. La Shinigami, aterrorizada y sin saber que hacer, alza su Zanpaku-tō cuando Kaien se dirige hacia ella y, así, empala a su amado Subcapitán, sin poder recuperarse aún del shock. Antes de morir, Kaien vuelve a recuperar la consciencia de sí mismo y le pide perdón a Rukia por el daño que le ha ocasionado, así como le agradece que le haya dejado partir con su honor intachable. Mas, este triste suceso marcaría un antes y un después no sólo en los Shiba y en la 13ª División, sino especialmente en Rukia, que aún cuando ya va a ser llevada al Sōkyoku, sigue pensando en Kaien, al que tanto le recuerda Ichigo.

¿Caos o justicia?: Kenpachi Zaraki VS Kaname Tōsen y Sajin Komamura

El día de la ejecución de Rukia ya ha llegado. Uno de los primeros capitanes en mover ficha no es otro que Kenpachi Zaraki, que atraviesa medio Seireitei a toda prisa, con Yachiru y Orihime al hombro, y seguido de Ikkaku, Yumichika y Aramaki. Sabiendo que Ichigo acabará tarde o temprano reuniéndose con sus amigos, Kenpachi ha optado por liberarlos a todos y así tener una oportunidad más de volver a "jugar" con Ichigo por lo que, gracias a Orihime, irrumpe en la prisión y libera a Ishida, Chad y Ganju. El grupo entero corre en dirección al Sōkyoku a tratar de impedir la ejecución de Rukia, hasta que Kenpachi se da cuenta de que los han estado siguiendo. Retando a sus perseguidores a mostrarse, éstos resultan ser los Capitanes Komamura y Tōsen, y los Subcapitanes Iba y Hisagi. En lugar de preocuparse por tener que enfrentarse a unos adversarios con tanto poder espiritual, Kenpachi se emociona ante la idea de pelear con cuatro personas a la vez, y obliga a los demás a continuar su marcha. Yachiru guía al grupo, pero Ikkaku y Yumichika retroceden y acaban por regresar adonde se encuentra Kenpachi, solicitándole algunos adversarios con los que poder medirse. Al final, Kenpachi accede a regañadientes y deja que Ikkaku luche con Iba y Yumichika con Hisagi, alejándose todos ellos del campo de batalla donde el Capitán de la 11ª División pretende combatir con sus colegas de las Divisiones 7ª y 9ª.

Primeramente, Komamura lanza sobre Kenpachi el poder de su Zanpaku-tō, Tenken, convertido en una mano de inmensas proporciones portando una espada, que golpea el lugar donde se hallaba Kenpachi y alza una densa nube de polvo. Por su parte, Tōsen emplea la segunda técnica de Suzumushi, Benihikō, y con ella lanza una gran cantidad de cuchillas que impactan sobre Kenpachi, si bien éste no parece verse afectado en absoluto y les provoca aún más al decirles que no tiene ni para empezar con dos adversarios de su nivel. Ambos capitanes atacan conjuntamente a Kenpachi una vez más, y de nuevo les para con su propia Zanpaku-tō, pateando a Tōsen y derribando a Komamura. Kenpachi les recomienda que le enseñen al menos sus bankai, ya que si no será una lucha muy aburrida, y pese a la reticencia de Komamura, Tōsen accede a complacerle. Desde el día en que Kenpachi mató al anterior Capitán de la 11ª División y ocupó su puesto, Tōsen supo que era una seria amenaza para el Gotei 13, un auténtico demonio que algún día acabaría con la paz reinante en la Sociedad de Almas. En nombre de la justicia, y convencido que actuando así Kenpachi no volverá a perturbar el Seireitei, Tōsen accede a liberar su bankai, Enma Kōrogi. Todas las personas que se encuentran dentro del inmenso bankai de Tōsen pierden los sentidos de la vista, el oído, el olfato y la percepción de energía espiritual, a menos que estén sujetando a Suzumushi, por lo que Tōsen se encuentra en una clara ventaja ante Kenpachi.

El Capitán de la 11ª División no muestra ningún miedo al encontrarse en una situación tan complicada y, de hecho, no tarda en acostumbrarse a ella, llegando a esquivar en el último momento los mandobles de Tōsen, instantes después de que éstos toquen su carne. La precisión de Kenpachi va en constante aumento, y no sólo es capaz de evitar que Tōsem le hiera de gravedad, sino que llega a hacerle algunos rasguños hasta que, sorprendentemente, decide ser atravesado por Suzumushi y sacar partido de ello para sujetar la Zanpaku-tō de Tōsen, recobrando momentáneamente sus sentidos y abriéndole una herida desde el hombro hasta la cadera. Kenpachi suelta a Tōsen, no sin antes advertirle que la próxima vez que arremeta contra él, podrá volver a sujetarle el brazo y acabar con él aun antes de que el propio Tōsen llegue siquiera a tocarle. Rememorando la decisión de eliminar el mundo y traer la paz y la justicia, una promesa que hizo ante el cadáver de una amiga suya recién convertida en Shinigami y asesinada por su marido, Tōsen se dirige de nuevo hacia Kenpachi, mas éste cumple sus palabras y le detiene antes de que impacte contra él. Como predijo Kenpachi, hiere de gravedad a Tōsen, y su bankai se quiebra, para sorpresa de Komamura, que se mantenía a distancia de aquél. Aun encontrándose muy debilitado, Tōsen desea seguir luchando y amenaza a Kenpachi con su espada, pero en el preciso momento en que Kenpachi baja la suya para acabar con Tōsen, Komamura defiende a su amigo y releva en la lucha. El impacto de la Zanpaku-tō de Kenpachi va a parar a la máscara de Komamura, que se rompe y muestra un rostro canino, algo que no parece sorprender en exceso a Kenpachi.

Gritándole a su adversario que ahora va a ver cumplidos sus deseos y tendrá una lucha violenta como a él le gustan, Komamura libera su bankai, Kokujō Tengen Myō'ō, lo que satisface visiblemente a Kenpachi. Mas, antes de que tan tremendas fuerzas colisionen, los dos combatientes quedan paralizados al percibir cómo a lo lejos el Sōkyoku comienza a ser liberado, y la ejecución de Rukia comienza. No se volverá a ver más de esta pelea, ya que un tiempo después Yumichika regresa al lado de Kenpachi y éste le dice que, a mitad de su enfrentamiento, Komamura percibió que Yamamoto estaba peleando en partió en su búsqueda. En aquel momento, Kenpachi se sorprende al ver cómo su 5º Oficial se encuentra totalmente sano y salvo, e incluso con más energías que antes de combatir con Hisagi. No le pregunta nada al respecto, y por ello Yumichika puede seguir ocultando el hecho de que no tuvo el menor inconveniente en derrotar a alguien como Hisagi al mostrarle la verdadera forma de su Zanpaku-tō y, con ella, absorber todas las energías de su enemigo.

La rosa roja y el lirio blanco: Renji Abarai VS Byakuya Kuchiki

Sólo unas pocas horas antes de que comience la ejecución de Rukia, Renji se siente listo para acudir en su rescate, y se marcha de la sala de entrenamientos, dejando a Yoruichi e Ichigo inmersos en sus propios asuntos. En su camino se cruza con varios Shinigami de su división, a los que derrota sin dejar de correr siquiera, pero al llegar a una gran avenida siente una gran potencia espiritual que le hace mirar hacia arriba y contemplar, a varios metros de altura, a Byakuya Kuchiki. Cuando éste le pregunta adónde cree que va, Renji le responde que se propone salvar a Rukia y le pide que le deje pasar, a lo que el Capitán Kuchiki responde con un Shunpo con el que se sitúa a la espalda de su Subcapitán, dispuesto a asestarle una única estocada que será fatal. Renji es capaz de detener a Byakuya, recordándole que ya le ha visto emplear esa técnica, el Senka, en numerosas ocasiones. Byakuya se cansa de lo que él denomina soberbia de Renji y se dispone a liberar a Senbonzakura, pero súbitamente Renji golpea su arma con Zabimaru en estado shikai, algo que desconcierta a Byakuya, pues sabe que sólo un Shinigami que ha llegado a conocer el bankai puede liberar su shikai sin necesidad de pronunciar el comando de activación. Demostrándole que sus sospechas son ciertas, Renji acaba invocando su bankai, al que llama Hihiō Zabimaru.

Renji vuelve a pedirle a Byakuya que le deje pasar, y este de nuevo rehúsa hacerlo diciéndole que, por más que tenga un bankai, no será capaz de hacer ni siquiera que ponga una de sus rodillas en el suelo. Como toda respuesta, Renji reanuda su ofensiva y dirige su bankai hacia Byakuya, que lo comienza a esquivar por medio del Shunpo, y causando a su paso una gran destrucción. Una vez que se encuentra frente a las mandíbulas de Hihiō Zabimaru, aparentemente cayendo al suelo, Byakuya libera a Senbonzakura y divide en varios fragmentos el bankai de Renji. Otra vez más, Renji le explica que ya conoce la habilidad de Senbonzakura, consistente en dividirse en miles de cuchillas apenas visibles al ojo humano, y que ha dispersado su bankai, al que mantiene unido con su propia energía espiritual. En un nuevo ataque, Renji logra que Byakuya se vea obligado a vacilar y retroceder con tanta rapidez que cae sobre una de sus rodillas, algo que no deja de destacar el propio Subcapitán a su líder. Coincidiendo ambos en que el telón debe caer ya y se disponen a acabar cuanto antes con el combate. Renji lanza a Byakuya su bankai, mas éste no se inmuta y le lanza el Hadō nº 33, Sōkatsui, una llamarada azul de una potencia tal que obliga a Renji a protegerse con su bankai. Cuando Renji vuelve a atacar a Byakuya, Hihiō Zabimaru pierde el control y choca contra sí misma. Byakuya revela a Renji que su hechizo de Kidō había sido lanzado con el único propósito de alterar la trayectoria de su bankai y le explica que aún necesita varios años de entrenamiento para llegar a dominarlo con maestría y que sigue estando lejos de poder rivalizar con él.

Byakuya no desea seguir concediéndole la iniciativa a Renji y le aprisiona mediante el Bakudō nº 61, Rikujōkōrō. El Capitán de la 6ª División le recuerda a su subordinado que él también posee su propio bankai y procede a liberarlo, ante la mirada estupefacta de Renji. El efecto de Senbonzakura Kageyoshi es devastador, pues destruye buena parte de las torres que aún quedaban en pie y hiere a Renji tantas veces que lo deja cubierto de un mar de sangre. Según Byakuya, la diferencia que existe entre Renji y él es análoga a la del mono y la luna, recordando que el mono creyó ser capaz de atrapar a la luna al ver su reflejo en un lago y, como resultado, acabó ahogándose. Mas, mientras Byakuya se aleja musitando que los colmillos de Renji nunca le alcanzarán y que puede sentirse orgulloso de haber mantenido el aspecto humano tras haber recibido las casi infinitas cuchillas de Senbonzakura Kageyoshi, Renji se levanta tembloroso y cubierto de sangre y se lanza sobre Byakuya, quien lo detiene lanzándole sus cuchillas convertidas en espadas, y perforando con una de ellas el brazo de su Subcapitán. Byakuya amenaza a Renji con matarle si vuelve moverse y le señala que el hecho de que su Hihiō Zabimaru se haya convertido, en contra de los deseos de su dueño, en una Zanpaku-tō en su aspecto sellado, es una prueba de que su muerte está próxima.

Esperando que Renji se humille, Byakuya le pregunta de nuevo si sigue dispuesto a salvar a Rukia y éste, con las escasas fuerzas que le restan, le responde que lo hará, pues se lo prometió a su propia alma y no se detendrá hasta conseguirlo. Por sorpresa, Renji se vuelve a alzar y arremete contra Byakuya, esta vez logrando alcanzarle e hiriéndole superficialmente, antes de caer con nuevas heridas en un charco de sangre. Byakuya no disimula su asombro y su admiración, reconociendo la valía de Renji, que después de todo sí que llegó a alcanzarle, y se marcha dejando como sudario su carísima bufanda, como señal de respeto. Sin embargo, Renji sobrevive gracias a la mediación de un misterioso personaje que lo cura parcialmente antes de desaparecer, y cuya silueta se asemeja sospechosamente a Retsu Unohana. Mas, cuando Renji recobra el conocimiento, ve con sorpresa que Hanatarō le está curando a petición de uno de los jóvenes admiradores del propio Subcapitán, Rikichi, quien liberó al miembro de la 4ª División y lo llevó al lugar al saber que estaba de parte de los Ryoka.

El día de la ejecución de Rukia

La cuenta atrás: Rukia frente al Sōkyoku

Debidamente custodiada, la prisionera Rukia Kuchiki abandona la Torre de la Penitencia y se dirige al Sōkyoku, donde se procederá a su ejecución. Tras haber estado meditando durante toda la noche, Rukia ha adoptado una actitud resuelta y calmada, hasta que es interrumpida en sus cavilaciones por Gin Ichimaru. Recordando el profundo malestar y la incomodidad que siempre ha mantenido cuando se le ha acercado Ichimaru, Rukia se muestra cautelosa hasta que el Capitán Shinigami le ofrece salvarle la vida. Durante sólo unos segundos, una confundida Rukia comienza a ver esperanzas tanto para ella como para sus amigos (incluido Renji, ahora que ha percibido que sigue con vida, aunque aún no comprende por qué ha cambiado de opinión y se ha arriesgado tanto por ella). No obstante, el cruel Ichimaru le dice inmediatamente después que sus palabran eran broma, y Rukia comprende que, detrás de su máscara de aceptación, en el fondo ella sigue deseando vivir, y que con sus simples palabras, Ichimaru ha resquebrajado toda la determinación con la que estaba dispuesta a afrontar su destino. Mientras sigue siendo llevada al Sōkyoku, Rukia lanza un grito desgarrador que hace sonreír con maldad a Ichimaru, pero una vez que llega ante la Doble Hoja, la Shinigami parece haberse calmado de nuevo, y no le tiembla la voz cuando le solicita como última gracia al Comandante General Yamamoto que les perdone la vida a los Ryoka y les deje regresar al mundo de los vivos, algo que él no duda en aceptar.

Son muy pocos los miembros del Gotei 13 que se encuentran frente al Sōkyoku, como no tarda en percibir la Capitana de la 2ª División, Suì-Fēng. Las únicas divisiones que están presentes son la 1ª, la 2ª, la 4ª y la 8ª, a las que no tarda en unírseles Byakuya Kuchiki, quien ni siquiera llega a mirar a los ojos a su anhelante hermana adoptiva. La Subcapitana de la 4ª División, Isane Kotetsu, señala a su líder, Unohana, que las palabras de Yamamoto a Rukia han sido crueles, pues todos los presentes menos la condenada saben que no cumplirá su promesa. Sin embargo, Unohana le responde que Yamamoto ha sido piadoso y compasivo, ya que al garantizar que las vidas de Ichigo y los demás serán respetadas, aunque luego no lo cumpla, permitirá que Rukia parta en paz y sin remordimiento alguno. Seguidamente, y a una orden de Yamamoto, el Sōkyoku es liberado y toma la aspecto de un gigantesco pájaro de fuego, Kikō'ō. Recordando el papel que han jugado en su vida Renji, Byakuya, Kaien e Ichigo, Rukia agradece a todos el esfuerzo que han hecho por ella y, entre lágrimas, se despide y cierra los ojos. Confundida porque nada sucede, Rukia vuelve a abrirlos y, con una indescriptible sorpresa, ve que Ichigo se encuentra frente a ella, y con la hoja de Zangetsu ha sido capaz de detener al pájaro de fuego. Los Shinigami de abajo contemplan la escena con una estupefacción igual de grande, mezclada en algunos casos como el de Byakuya con ira, y observan como, pese a las peticiones de Rukia, Ichigo no se va y se prepara para hacer frente a un nuevo y más poderoso embate de Kikō'ō.

Sin que Ichigo lo esperase, salen al paso unos aliados que causan una conmoción patente entre los Shinigami presentes. Lamentándose de su retraso, Ukitake llega junto con Sentarō y Kiyone, y con la ayuda de Kyōraku y Nanao, logran destruir al Sōkyoku, por medio de un viejo sello del Clan Shihōin. Ichigo libera a Rukia destruyendo el patíbulo del Sōkyoku al clavarle a Zangetsu con todas sus fuerzas, provocando una explosión que caldea aún más los ánimos. Por si todo esto no fuera poco, Ichigo se dispone a luchar con Byakuya y los demás Shinigami que se interpongan en su camino, y aprovecha la oportuna llegada de Renji a la cima del Sōkyoku para lanzarle a Rukia y ordenarle que huya con ella y la defienda con su vida. Una indignada Suì-Fēng ordena a los subcapitanes que aún son fieles que persigan a Renji y Rukia, y Chōjirō Sasakibe, Marechiyo Ōmaeda e Isane Kotetsu salen tras ellos, para ser interceptados por Ichigo. Los tres subcapitanes liberan sus respectivas Zanpaku-tō, Gonryōmaru, Gegetsuburi e Itegumo, pero Ichigo los deja fuera de combate con las manos desnudas, antes de que puedan siquiera reaccionar ante tal aluvión de fuerza. El siguiente adversario que le sale al paso es nada menos que Byakuya Kuchiki, quien le ataca a toda velocidad y le pregunta cuáles son sus motivos para estar tan decidido a salvar a Rukia. Ichigo le responde con otra pregunta, interrogándole acerca de por qué él no desea salvar a su hermana, y ambos comienzan a luchar.

Los alumnos contra el maestro: Shunsui Kyōraku y Jūshirō Ukitake VS Shigekuni Yamamoto-Genryūsai

Viendo que el Comandante General Yamamoto está dispuesto a castigar lo que él considera una traición imperdonable, Kyōraku insta a Ukitake a marcharse a un lugar más apartado donde poder luchar sin dañar a sus subordinados ni a ningún otro Shinigami. Nanao sigue a su capitán, también preparada para luchar, pero el sólo cruzar sus ojos con Yamamoto hace que pierda el resuello y tenga que ser llevada a un lugar aparte por Kyōraku. Tratando de recuperarse, Nanao comprende que, aunque Kyōraku y Ukitake sean dos capitanes muy poderosos en la Sociedad de Almas, ni siquiera juntos son adversarios con los que se pueda medir la colosal fuerza de Yamamoto. Éste recuerda los días en que los dos Shinigami eran sus alumnos en la Academia, estudiantes muy aplicados y con un potencial increíble del que siempre se había sentido orgulloso, tanto que fueron los dos primeros capitanes en haber pasado por el centro de estudios que el propio Yamamoto fundó, dos mil años atrás. Negándose a aceptar ninguna excusa, Yamamoto acusa a Kyōraku y Ukitake de haber traicionado la justicia de la Sociedad de Almas y procede a liberar su Zanpaku-tō, Ryūjin Jakka, considerada la mejor y más poderosa de todas las Zanpaku-tō. Comprendiendo que sus ocpiones son escasas, pero que no tienen otra opción que resistir, Kyōraku y Ukitake proceden a liberar sus propias armas, Katen Kyōkotsu y Sōgyo no Kotowari, las dos únicas Zanpaku-tō compuestas de dos espadas. Seguidamente, los tres comienzan a luchar, rodeados de abrasadoras llamas. Los detalles de esta pelea permanecen ocultos, ya que no se vuelve a mostrar nada de este enfrentamiento hasta que se ve suspendido, viéndose entonces que Yamamoto continúa indemne, mientras que Kyōraku y Ukitake tienen algunas heridas superficiales.

¿Quién es la Diosa de la Velocidad?: Yoruichi Shihōin VS Suì-Fēng

Al ver a su hermana Isane sin conocimiento, Kiyone corre en su auxilio, pero es derribada por la implacable Suì-Fēng, que se dispone a acabar con hecha tras haber dejado fuera de combate a Sentarō. No obstante, y antes de que pueda reaccionar, es empujada por una figura embozada, que la lleva consigo más allá del Sōkyoku. Intentando zafarse y descubrir la identidad de su agresor, éste se revela como la propia Yoruichi, dejando atónita a Suì-Fēng. Entonces, la Capitana de la 2ª División comprende que Yoruichi ha estado apoyando a Ichigo desde el principio, y que fue ella que le dio una capa con el emblema de los Shihōin, con la que pudo volar y detener a la hoja del Sōkyoku. Irónicamente, Yoruichi hace ver que Suì-Fēng está especialmente habladora y le recuerda que en el pasado ella fue su mentora, y que actualmente no hace más que tratar de rellenar el espacio vacío que dejó, tras su inesperada partida del Seireitei, a cargo de las Fuerzas Especiales. Suì-Fēng le responde que la época de Yoruichi ya está olvidada, y como muestra desenvaina su Zanpaku-tō y la clava en el suelo, rodeando instantáneamente a Yoruichi más de una decena de miembros de las Fuerzas Especiales. Con una pícara sonrisa, Yoruichi dice que ha abandonado muchos de sus antiguos títulos pero que hay uno que aún sigue poseyendo, y como prueba en un abrir y cerrar de ojos liquida a todos los Shinigami de las Fuerzas Especiales por medio de veloces Shunpo y lucha cuerpo a cuerpo. Suì-Fēng rememora que Yoruichi fue antes conocida como la "Diosa del Shunpo" y se propone arrebatarle también este último título con sus propias manos, quitándose el haori de capitana y mostrando su uniforme de Comandante en Jefe del escuadrón de castigo.

Seguidamente, se establece entre ambas contrincantes un veloz intercambio de puñetazos y patadas en el aire, apoyados por su innegable maestría en la lucha cuerpo a cuerpo y en el dominio del Shunpo. Yoruichi reconoce que los movimientos de Suì-Fēng han mejorado considerablemente y que sus fuerzas están bastante igualadas, mas su antigua discípula pone en duda esta aseveración, convencida de que ya ha superado a su maestra, y se coloca a su espalda, libera su shikai, Suzumebachi, y le clava su aguijón en el abdomen. En el lugar donde ha recibido la picadura de Suzumebachi, aprece una señal con forma de mairposa, el Hōmonka, y Suì-Fēng advierte a Yoruichi de que en los últimos cien años ha perfeccionado esa técnica, hasta tal punto que la señal no desaparece si no lo desea su hacedora y que un segundo golpe en el mismo punto implica una una muerte inevitable. Yoruichi hace el amago de salir huyendo, recibiendo más picaduras en brazos y espalda, hasta que por sorpresa le lanza a Suì-Fēng cuchillas ocultas en su pierna, llamadas An-Ken. En el tiempo en que Suì-Fēng detiene los filos, Yoruichi se coloca enfrente suyo y se dispone a golpearla, más la actual Capitana de la 2ª División para su golpe y le asesta una nueva picadura con Suzumebachi, esta vez en la mejilla izquierda. De nuevo, Suì-Fēng le hace ver a Yoruichi que ahora ella es la más fuerte, y se propone demostrárselo enseñándole una técnica que ha acabado de dominar hace muy pocos días, en la que combina el Hakuda (combate cuerpo a cuerpo) con las artes Kidō, creando una corriente de energía espiritual en torno a sí misma.

Yoruichi le responde que esa técnica ya tiene un nombre, el Shunkō, y le explica que está basada en comprimir grandes cantidades de Kidō en espadas y hombros (de ahí que queden al descubierto en el uniforme del líder de los ejecutores), para imprimir mayor potencia a los golpes. Seguidamente, Yoruichi muestra su propio Shunkō, más perfeccionado que el de Suì-Fēng, lamentándose de tener que emplear algo así, ya que ni siquiera ella misma lo controla por completo. La enorme destrucción causada por el Shunkō de Yoruichi desconcierta profundamente a Suì-Fēng, quien se niega a admitir que su antigua maestra sigue estando por encima de ella, pese a lo mucho que se ha esforzado en superarla en los últimos cien años. Recordando lo mucho que la admiró en el pasado y la fe y confianza que depositó en ella, así como el odio que la ha estado alimentando el último siglo por haberse sentido abandonada, Suì-Fēng arremete una última vez contra Yoruichi, quien lanza un trueno de Kidō si cabe más poderoso que el anterior, pero deja ilesa a su antigua discípula, evitando golpearla en el último instante. Esto hace que Suì-Fēng acabe por derrumbarse y, en un mar de lágrimas, vuelve a tratar a Yoruichi con el sufijo de profundo respeto -sama, como hacía en los viejos tiempos, a la vez que le pregunta por qué la dejó sola y no permitió que la siguiese en su exilio. No muy lejos de ahí, Ikkaku e Iba han contemplado la magnitud de poder espiritual que ha sido liberada en ese combate, mas ya no se preocupan del suyo propio, pues lo han convertido en una mera competición para ver quién va a por un nuevo trago de sake.

Se alza la Luna Negra: Ichigo Kurosaki VS Byakuya Kuchiki

Las únicas personas que aún permanecen en la cima del Sōkyoku son Ichigo y Byakuya, quienes continúan combatiendo sin infrigirse daño alguno hasta el momento. Byakuya observa que Ichigo ha mejorado en su uso del Shunpo, mientras que éste le recomienda que libere su bankai si quiere llegar a herirle, pues desea hacerlo pedazos él mismo, por haber sonsentido Byakuya la ejecución de Rukia y haberla tratado con tanta frialdad. Byakuya afirma que la mala opinión que tiene de Ichigo no cambiará, ni tampoco su destino ni el de Rukia, y además le advierte que alguien tan osado y charlatán como él no es digno de recibir su bankai, por lo que procede a liberar su shikai, Senbonzakura. Ichigo no se preocupa ante el hecho de que centenares de cuchillas casi invisibles se ciernan sobre él y, consiguiendo sorprender a su enemigo, lanza un ataque especial que ya había sido capaz de lanzar antes de forma insconsciente, y al que ha dado en llamar Getsuga Tenshō, con el que destruye las hojas de Senbonzakura y hiere a Byakuya en la mano izquierda. De nuevo, Ichigo exige a Byakuya que le muestre su bankai y éste acaba accediendo, liberando a Senbonzakura Kageyoshi y lanzando hacia su adversario una infinidad de cuchillas mediante control mental. Los numerosos filos acaban impactando sobre Ichigo y lanzándole contra el suelo con numerosas heridas, pero éste se vuelve a levantar y le da a entender a Byakuya que él ya es capaz de liberar su propio bankai, algo que el orgulloso Capitán de la 6ª División se niega a creer.

Pensando en lo díficil que es para un Shinigami alcanzar un bankai, algo que está reservado a unos pocos de entre muchas generaciones, y para lo que los miembros de la aristocracia suelen estar particularmente preparados, Byakuya contempla con pasmo cómo Ichigo invoca su bankai, comenzando a hacerse preguntas acerca de la verdadera identidad del intruso. Al despejarse la polvareda, Ichigo muestra a Tensa Zangetsu, que al contrario que los bankai al uso, es considerablemente más pequeña que la propia Zangetsu en su shikai, y tiene el aspecto de una estilizada katana completamente negra. Considerando un insulto a su orgullo y a su honor un bankai así, Byakuya se preparara para lanzar una nueva oleada de su propia técnica, mas de súbito aparece Ichigo frente a él y le dice que si el orgullo de los Shinigami está relacionado con matar a Rukia, estará encantado de seguir pisoteándolo. Como Ichigo retira la espada del cuello de Byakuya, éste no tarda en preguntarle por qué lo ha hecho, ya que si en verdad trataba de mostrarse superior a él, no era más que un comportamiento pueril y arrogante que le llevaría de forma irremediable a la derrota.

Volviendo a poner en duda que Tensa Zangetsu sea un auténtico bankai, Byakuya afirma que Ichigo no podrá volver a tenerle contra las cuerdas, ya que los milagros no se repiten, tras lo que dirige sus cuchillas hacia su oponente. Ichigo, con una velocidad antes nunca vista en él, logra esquivar todos los ataques de Byakuya e incluso trata de atacarle de nuevo, mas éste acaba dirigiendo con sus propias manos a Senbonzakura Kageyoshi, aumentando así su velocidad y atrapando finalmente a Ichigo. Con una sobrenatural de fuerza y de velocidad, Ichigo es capaz de esquivar con el filo de Tensa Zangetsu las cuchillas de Senbonzakura Kageyoshi, dejando boquiabierto a Byakuya. Aludiendo a la anterior frase de Byakuya, Ichigo le pregunta cómo se llaman los milagros cuando éstos ocurren más de una vez, y seguidamente se pone a sus espaldas y le asesta un mandoble, que el Capitán de la 6ª División es capaz de esquivar a duras penas, hiriéndose en la mano derecha. Es entonces cuando comprende que la ventaja del bankai de Ichigo consiste en comprimir el aumento exponencial de poder de un bankai en una hoja tan reducida y ganar en velocidad. Más decidido que nunca a acabar con aquel osado muchacho, Byakuya le muestra su técnica del Senkei, en la que todo el poder de Senbonzakura pasa a residir en la ofensiva, y que sólo ha mostrado en un total de dos ocasiones, a personas a las que ha jurado matar con sus propias manos. Byakuya esgrime una de las numerosas espadas que comienzan a girar en torno suyo y de Ichigo y lucha con él, comenzando a adquirir ventaja sobre su adversario.

Ichigo cree que los movimientos de Byakuya se han acelerado, mas éste le asegura que en verdad son los de Ichigo los que se han ralentizado y, dispuesto a acabar cuando antes el combate, clava otra de las espadas que flotan a su alrededor en el pie de Ichigo y le lanza desde una corta distancia el Hadō nº 4, Byakurai, que le atraviesa la parte superior del pecho. Byakuya señala a Ichigo que ya ha llegado a su límite y que su fin es inminente, mas cuando descarga su espada contra él, es inesperadamente detenido por el propio Ichigo, que está siendo poseído por su Hollow interior. Un atónito Byakuya le pregunta quién es, a lo que éste le responde que no tiene nombre alguno y con un poder increíblemente grande, asesta un mandoble al Shinigami que le atraviesa el tronco de lado a lado para, más tarde y sin mediación alguna, lanzarle un Getsuga Tenshō negro y pillarle desprevenido por la espalda, rompiéndole el kenseikan que lleva en el pelo, como indicativo de su condición de noble. Viendo cómo se va completando lentamente la máscara de Ichigo, Byakuya identifica al recién llegado como un Hollow, mas antes de que pueda proseguir el combate, Ichigo recupera el dominio de sí mismo y rompe la máscara, dejando a Byakuya aún con más interrogantes sobre la mesa, que decide dejar para otra ocasión.

Como ahora a los dos combatientes apenas les restan fuerzas para seguir luchando, y sus heridas son numerosas, acuerdan darlo todo en un postrer ataque. Byakuya incluso asegura a Ichigo que, si logra derrotarle, le responderá por qué no ha querido salvar a Rukia. Byakuya utiliza la técnica definitiva y más imponente de Senbonzakura, el Shūkei, Hakuteiken y mientras Ichigo prepara un último Getsuga Tenshō. En el choque final estallan sendos haces de luz y energía negro y blanco, visibles desde todo el Seireitei, y al dispersarse ambos luchadores se resienten de unas nuevas y más profundas heridas. Sin embargo, en el preciso momento del choque, fue la espada de Byakuya la que se rompió, y éste acaba asumiendo su derrota y responde a Ichigo que no se opuso a la ejecución de Rukia porque debía obedecer las leyes, más allá de cualquier lazo familiar. Ichigo se indigna aún más, pero Byakuya continúa diciendo que los Kuchiki son miembros de la nobleza de la Sociedad de Almas y que por ello mismo deben dar ejemplo y respetar todas y cada una de las normas que rigen el mundo. Aunque Ichigo comprende el razonamiento de Byakuya, le dice que de haber sido él, hubiera luchado contra las leyes, y entonces la mirada de Byakuya se ilumina y vuelve a ver con claridad el enorme parecido existente entre Ichigo y el difunto Kaien, algo que parece desagradarle pero que le hace adoptar una actitud pensativa y taciturna. Antes de desaparecer con un Shunpo, Byakuya le concede la victoria a Ichigo y le dice que ya no volverá a perseguir a Rukia. Al lado de Ichigo no tardan en llegar sus queridos Chad, Orihime e Ishida, así como Ganju y Aramaki, ya que todos ellos han contemplado desde lejos la intensa confrontación. Entre lágrimas, Orihime reconoce haber estado muy preocupada por Ichigo y alegrarse de que siga con vida.

El Fin de la Hipnosis

Masacre en la Cámara de los 46

A la vez que tantos combates simultáneos sacuden al Seireitei, Unohana abandona el Sōkyoku montada en su Zanpaku-tō liberada, Minazuki, llevando en su interior a todos los heridos excepto a su Subcapitana, Isane, que es la que en mejor estado se encuentra y quien recobra el conocimiento aún en pleno vuelo. Cuando ambas llegan a las dependencias de la 4ª División, Unohana vuelve a sellar a Minazuki y encarga el cuidado de los heridos a sus subordinados, a la vez que ordena a Isane que la acompañe, ya que tiene algo mente que está decidida a resolver inmediatamente. Por su parte, Hitsugaya y Matsumoto acuden a la Cámara de los 46, el órgano legislativo y judicial de la Sociedad de Almas para tratar de ponerles sobre aviso del peligro que se cierne y de la conspiración que existe en torno a la muerte de Rukia. Sin embargo, cuando llegan al lugar, contemplan con sorpresa que las alarmas de acceso están desactivadas y, sin ningún impedimento, llegan al propio corazón del edificio, donde yacen muertos todos los juces y magistrados desde hace varios días. Horrorizados ante tal descubrimiento, y comprendiendo que las distintas órdenes que se han ido despachando recientemente (incluidas los sucesivos cambios de fecha en la ejecución de Rukia Kuchiki) fueron ordenados por los propios asesinos, que mantuvieron tan macabro hecho en el más profundo de los secretos.

Para aumentar aún más la confusión de Hitsugaya y Matsumoto, en el umbral de la puerte aparece Kira, que incita a ambos a que le persigan. Cuando se encuentran lo suficientemente alejados, Kira avisa a Hitsugaya que más le valdría preocuparse por Hinamori, ya que ésta les ha estado siguiendo desde un principio, y el alarmado Capitán de la 10ª División retrocede en busca de su amiga, mientras deje que Matsumoto se encargue de Kira. Matsumoto intenta preguntar a su oponente qué es lo que se traen entre manos él e Ichimaru, pero éste se niega a responderla y se propone matarla, liberando a Wabisuke y arremetiendo contra ella. Matsumoto para los ataques de Kira con su propia Zanpaku-tō hasta que ve cómo su arma cae al suelo y es incapaz de levantarla del suelo, de lo pesada que se ha vuelto. Entonces, Kira le explica que la habilidad de Wabisuke es duplicar el peso de todo lo que toca, y que a esas alturas Matsumoto no podrá esgrimir su Zanpaku-tō. Mas la Subcapitana de la 10ª División tiene un as bajo la manga, ya que su propia Zanpaku-tō, Haineko, se disuelve en cenizas al activarse su shikai, haciendo totalmente inútiles los esfuerzos de Kira e implicando así su derrota.

La identidad del traidor, al descubierto

Tal y como dijo Kira, Hinamori aún se encuentra en la Cámara de los 46, preguntándose cómo es posible que Hitsugaya, el supuesto asesino de Aizen, no supiese nada de la matanza de los ancianos. A sus espaldas, aparece de súbito Ichimaru, quien le pide a Hinamori que le siga hasta las estancias más privadas del recinto, un lugar que sirve de residencia para los integrantes de la Cámara de los 46 y donde cualquier otra persona, por importante que sea su rango, tiene prohibido el paso. Ichimaru le dice que hay una persona que desea ver a Hinamori, y cuando ésta se da la vuelta no cabe en sí de gozo y sorpresa al ver, nada más y nada menos, que a Sōsuke Aizen. Hinamori rompe a llorar y abraza a Aizen, sin desear escuchar sus disculpas y las explicaciones de que tenía una importante misión que cumplir, para lo que se vio obligado a simular su muerte. De súbito, en mitad de su abrazo, Aizen atraviesa a Hinamori con su Zanpaku-tō y con una mirada fría e implacable, deja que se derrumbe a sus pies y se marcha, seguido por un respetuoso Ichimaru. Al salir de la habitación, ambos capitanes se encuentran con Hitsugaya, a quien Aizen le explica que ha seguido con él una estrategia muy simple, basada en el "divide y vencerás", y que se ha aprovechado de él y de otros muchos para desestabilizar el Seireitei mientras ultimaba sus planes.

Hitsugaya ve el estado en el que se encuentra Hinamori y, mientas una furia fría y destructora comienza a inundarle, le pregunta a Aizen desde cuándo tenía preparada su traición, a lo que él le responde que desde el principio. Según sus propias palabras, aunque adoptase bajo su mando a Hinamori, siempre vio como su único Subcapitán posible a Ichimaru, que siempre ha estado de su lado. También señala que él no ha ocultado nada a nadie, sino que simplemente el resto de los Shinigami han sido incapaces de ver cómo era en verdad. Hitsugaya acaba liberando su bankai, Daiguren Hyōrinmaru al oír de Aizen que tan sólo eligió a Hinamori como su segunda al mando por la admiración que le profesaba, una garantía de que sería mucho más fácil controlarla de esa manera. Hitsugaya jura matar a Aizen, mas antes de que pueda siquiera prepararse para atacarle no ve por dónde le viene el ataque y se encuentra yaciente en el suelo rodeado de sangre, tras haber sido golpeado por Aizen. Mas antes de que puedan marcharse Aizen e Ichimaru, llegan al lugar Unohana e Isane, y la Capitana de la 4ª División confirma las sospechas que llevaban tanto tiempo asaltándole. Aizen les explica que todos han estado bajo el influjo de su Zanpaku-tō, Kyōka Suigetsu, cuya habilidad de la "Hipnosis Total" le ha permitido simular sin problemas su muerte y manipular a su antojo todas y cada una de las acciones de los demás Shinigami.

Unohana es de mente rápida, y al oír por el propio Aizen que todo aquél que contemple la liberación de Kyōka Suigetsu estará permanentemente bajo la Hipnosis Total, concluye que hay un traidor más, el invidente Kaname Tōsen, quien en esos mismos momentos se encuentra recuperado de su combate con Kenpachi y sale al paso de Rukia y de Renji, teletransportándose con ellos de nuevo al Sōkyoku. De la misma forma, Aizen e Ichimaru parten al Sōkyoku, y ante las aterrorizadas miradas de Renji y de Rukia, se proponen acabar con la ejecución que no llegó a producirse. Comprendiendo que son las únicas que pueden alertar al resto del Gotei 13 de la traición que acaban de sufrir, Unohana insta a Isane a que localice a Aizen mediante el Bakudō nº 51, Kakushitsuijaku, y a que avise tanto a Capitanes y Subcapitanes como a los Ryoka, mediante el Bakudō nº 77, Tenteikūra, de todo lo que han averiguado. La esupefacción cunde por todo el Seireitei, y la lucha de Yamamoto con Kyōraku y Ukitake se detiene. Igualmente, Matsumoto sale a todo correr, preocupada por Hitsugaya, dejando tras de sí a un Kira a un debilitado Kira que no puede creerse que Ichimaru le haya estado utilizando, y que Hinamori haya resultado tan gravemente herida. Por su parte, Unohana procede a curar las heridas de Hitsugaya y Hinamori. La única persona a la que no parece interesarle en absoluto la traición de tres capitanes de división es a Mayuri, que ya ha recuperado su cuerpo y decide ignorar los avisos de Isane.

El frente unido: Ichigo Kurosaki y Renji Abarai VS Sōsuke Aizen

De regreso a la cima del Sōkyoku, Renji se niega a entregar a Rukia a Aizen, quien se lo pide amablemente, advirtiéndole de que le matará si no le obedece. Aunque no llega a ver en ningún momento cómo le ataca Aizen, esquiva un golpe aún con Rukia en brazos, que deja su brazo derecho malherido. Según él mismo le dice, no quiere matar con sus propias manos a un antiguo subordinado suyo, y le explica que si ha atravesado con su espada a Hinamori lo ha hecho porque sabía que su Subcapitana no podría vivir sin él, y que trató por todos los medios de que se matasen entre sí ella, Hitsugaya y Kira, hasta que no le dieron más opción que intervenir personalmente. Renji lanza a Zabimaru hacia Aizen después de que éste le diga, con una gélida sonrisa, que el Capitán Aizen que creyó conocer en el pasado jamás había existido, mas demuestra ser muy superior a él, al detener a Zabimaru tanto con su propia Zanpaku-tō como sus manos, sin sufrir un solo rasguño. De un mandoble, Aizen rompe a Zabimaru y después hiere aún con más severidad a Renji, lo que hace que Rukia trate de intervenir, aunque se amigo la hace callar, negándose de nuevo a soltarla. Aizen afirma que es una lástima haber llegado a tales extremos, y cuando se dispone a matar a Renji, el bankai de Ichigo detiene su estocada final, ya que ha acudido de nuevo a toda velocidad a la cima del Sōkyoku, decidido a ayudar a Renji y evitar que Rukia caiga en las manos de Aizen.

Nada más verse, Ichigo y Renji comienzan a discutir sobre quién está en peor estado hasta que casi asfizian a Rukia, quien la emprende a puñetazos por Renji por esa misma razón. Volviendo a ponerse serios y reconociendo que sus posibilidades son pocas contra tres capitanes a la vez, Ichigo y Renji deciden unir sus fuerzas. Sabiendo que su Zanpaku-tō está rota y que la técnica que va a realizar es muy costosa y debilita más si cabe a Zabimaru, Renji utiliza el Higga Zekkō a modo de distracción contra Aizen, mientras Ichigo se lanza hacia él, pero increíblemente el Capitán de la 5ª División es capaz de detener el embate de Ichigo en bankai con un solo dedo y le asesta un profunde corte en el abdomen, para ir seguidamente a por Renji y herirle en el hombro izquierdo. Dejando a Ichigo y a Renji postrados en el suelo, Aizen no encuentra ninguna oposición más y se dirige hacia Rukia, comentando a un yaciente Ichigo que no se fuerce más, ya que su papel en toda esta historia ha terminado. Seguidamente, le explica que ya sabía que los Ryoka iban a entrar en la zona oeste del Rukongai, y que por ello mismo envió a Ichimaru y otros miembros de las divisiones 3ª y 9ª al lugar. Aizen sabía que la única forma de acceder al Seireitei, una vez que Ichimaru les expulsó, sería mediante el cañón de Kūkaku , lo que fue un golpe de efecto tal que, con la confusión que surgió en el Seireitei y que obligó a los propios altos mandos a actuar, prácticamente pasó desapercibido el supuesto asesinato de uno de los capitanes.

Ichigo no acierta a comprender cómo pudo saber Aizen que entrarían por el Rukongai Oeste, y éste le responde que era algo evidente, pues esa zona es el punto de enlace de Kisuke Urahara. Al ver a Ichigo aún más confundido, Aizen comprende que Urahara envió a Ichigo y sus amigos a la Sociedad de Almas sin revelarles los verdaderos motivos que tenía él para evitar la ejecución de Rukia. Aizen explica a Ichigo que hay un máximo de nivel al que se puede llegar en las cuatro disciplinas de combate Shinigami (manejo de la Zanpaku-tō, lucha cuerpo a cuerpo, agilidad y artes Kidō) a partir del cual ninguna mejora es posible, y que la única forma de superar esta barrera es dando el salto y obteniendo poderes de Hollow. Aizen reconoce haber experimentado en numerosos casos, tratando de conseguir Shinigami con poderes de Hollow y viceversa (haciéndose responsable incluso de la creación del Hollow que asesinó a Kaien, para horror de Rukia), y aunque nunca logró los resultados deseados, averiguó que Urahara sí había conseguido sus propósitos y había creado un artefacto, la Hōgyoku, con la que podía crear entes híbridos. Urahara supo demasiado tarde que la Hōgyoku era un objeto demasiado peligroso y trató por todos los medios de destruirla, mas al no encontrar forma alguna de conseguirlo, optó por esconderla dentro del alma de Rukia Kuchiki. Como no tardó en averiguar Aizen desde la Sociedad de Almas, la desaparición de Rukia en el mundo de los vivos fue causada por Urahara, quien le dio un gigai especial que acabaría convirtiéndola en una humana corriente, eliminando así para siempre el riesgo de que alguien encontrase la Hōgyoku. Mas Aizen se percató del ardid y movió ficha, asesinando a la Cámara de los 46 y ordenando que Rukia fuese devuelta a la Sociedad de Almas, donde su ejecución en el Sōkyoku permitiría liberar la Hōgyoku oculta en ella.

La digresión de Aizen es inesperadamente interrumpida por Komamura, quien lanza con rabia su shikai hacia él, intentando comprender por qué han traicionado él y Tōsen a la Sociedad de Almas. Aizen detiene el ataque de Komamura con la mano y, cuando éste se dispone a activar su bankai, realiza sobre él el Hadō nº 90, Kurohitsugi. Pese a que Aizen dice que el hechizo le ha salido mal y no ha sido capaz de liberar ni un tercio de su poder destructor, Komamura es gravemente herido, y sin preocuparse en absoluto por el tema, Aizen reanuda su charla. Explica que, salvo en las reuniones de capitanes, se estuvieron turnando en la Cámara de los 46 él, Ichimaru y Tōsen para dar la impresión de que todo marchaba con normalidad, y fueron adelantando la ejecución de Rukia. Habiendo contemplado la posibilidad de que la ejecución en el Sōkyoku no llegara a realizarse, durante su fingida muerte Aizen investigó una nueva opción y encontró en los archivos de Urahara un medio adicional, consistente en introducir en el alma objetivo un elemento que permita la separación del objeto que busca del alma con la que se encuentra fusionada. Seguidamente, Aizen procede a realizar esta técnica, con la cual abre un agujero en el pecho de Rukia y logra extraer de ella la Hōgyoku intacta, cerrándose a continuación la oquedad sin dejar una herida tras de sí. Con la Hōgyoku por fin en sus manos, Aizen dice que ya no necesita a Rukia, y le da permiso a Ichimaru de matarla con sus propias manos. El Capitán de la 3ª División lanza sobre ella a Shinsō, pero su lanzamiento asesino es detenido por el mismísimo Byakuya, quien recibe en su pecho el golpe de Ichimaru, protegiendo con su vida la de Rukia.

El Gotei 13 se moviliza en el Sōkyoku

Byakuya cae tras recibir el impacto de Shinsō, alarmando aún más si cabe a Rukia, quien comienza a abrazarle y llamarle sin obtener respuesta. Aizen se dirige hacia los dos hermanos, mas en un instante es detenido por Yoruichi y Suì-Fēng, quienes con prodigiosa velocidad logran mantenerle prisionero. Pero Aizen sigue mostrándose muy seguro de sí mismo y de su victoria, y para ayudarle aparecen los imponentes Guardianes de las Puertas Norte, Este y Sur del Seireitei, Danzōmaru, Kaiwan y Hikonyūtō. Yoruichi y Suì-Fēng parecen encontrarse en serias dificultades, pero en su auxilio acuden desde las alturas Kūkaku y Jidanbō, quienes se reencuentran amistosamente con Yoruichi y se encargan de los tres guardianes, sin tener la menor complicación, aunque Jidanbō comienza a sospechar que sus tres colegas se encuentran bajo el influjo de la Hipnosis Total de Aizen. Sin que puedan hacer nada por evitarlo, en un abrir y cerrar de ojos llegan todos los capitanes y subcapitanes del Gotei 13 que aún se encuentran ilesos o levemente heridos a la cima del Sōkyoku, capturando a Ichimaru y Tōsen los subcapitanes Matsumoto y Hisagi.

Pese a estar rodeado y en clara desventaja, Aizen mantiene su sonrisa y acaba alarmando a Yoruichi. Viendo el peligro que se cierne sobre ella y Suì-Fēng, ordena a su antigua discípula que lo suelte y justo después Aizen se ve envuelto por una columna de luz que proviene de más allá del cielo, que se rompe y muestra a una gran cantidad de Menos Grande, que con su técnica de la Negación rodean a los tres capitanes traidores. Los Shinigami ven con estupor que tras las siluetas de los numerosos Gillian parece haber algo más grande y terrible, pero no tienen mucho tiempo para pensar en ello, pues Aizen, Ichimaru y Tōsen comienzan a ser alzados por sus siervos Hollows, en dirección al Hueco Mundo. Ichimaru se despide de Matsumoto con una triste sonrisa y disculpándose, mientras que Tōsen responde al iracundo Komamura afirmando que el camino que ha decidido seguir es el que implica menos derramamiento de sangre y el que está más acorde con su ideal de justicia. Ukitake se dirige a Aizen y le pregunta por qué se ha aliado con las fuerzas del Hueco Mundo, avisándole de que acabará estrellándose si desea abarcar más de lo que puede. Aizen le responde que nadie ha gobernado el trono de los Cielos, y que él se ha propuesto ocupar aquel gobierno vacante. Antes de desaparecer al otro lado de la Garganta, Aizen rompe sus gafas y muestra un estilo de peinado totalmente diferente al que tenía antes y se despide de los Shinigami y de Ichigo, comentando que le ha parecido particularmente interesante conocerle.

Tras la conmoción que sigue a la partida de los tres capitanes traidores, la 4ª División se moviliza y comienza a curar a los distintos heridos. Cuando llega Unohana al Sōkyoku, afirma que las heridas de Hinamori y de Hitsugaya evolucionan favorablemente, pero que dependerá de su propia fortaleza el que sobrevivan o no. Igualmente, contempla con una inusitada sorpresa las habilidades curativas de Orihime, quien se está ocupando de Ichigo, pero la capitana no hace el menor comentario al respecto y se sienta al lado de Byakuya. Éste hace llamar a Rukia y le revela el secreto de su pasado: la difunta esposa de Byakuya, Hisana, era la hermana mayor de Rukia. Gravemente enferma, Hisana hizo prometer poco antes de morir a Byakuya que buscase en el Rukongai a su hermana pequeña, a la que abandonó cuando apenas era un bebé, y le pidió que mantuviera el secreto siempre, pues no quería que Rukia la considerase hermana suya después de lo mal que se portó con ella. Segura de que Byakuya sería para Rukia mucho mejor hermano de lo que ella misma fue, Hisana falleció en paz, y Byakuya acabó cumpliendo su promesa. No obstante, cuando Rukia fue condenada a muerte Byakuya se encontró atado entre dos juramentos: el que hizo a Hisana de que protegería y apoyaría a Rukia, y el que hizo ante la tumba de sus padres de que respetaría las normas de la Sociedad de Almas. Byakuya concluye dándole las gracias a Ichigo por haberle hecho comprender qué promesa era más importante y finalmente, le pide perdón a Rukia por todo el daño que le ha ocasionado.

Despedida y vuelta a casa

Poco a poco, la normalidad comienza a regresar al Seireitei. Los miembros de la 11ª División ya están prácticamente recuperados de sus heridas y Unohana debe recordarles "afectuosamente" que deben controlar sus impulsos luchadores mientras se encuentren en las dependencias de la 4ª División. Los Ryoka se preparan para su inminente regreso a casa, e Ichigo practica con Ikkaku en el cuartel de la 11ª División hasta que Kenpachi interrumpe la competición, deseoso de continuar peleando con Ichigo. No obstante, sigue habiendo gente que no ha superado la traición de los tres capitanes. Hisagi y Komamura se reúnen ante la tumba de la amiga de Tōsen, y prometen que entre los dos acabarán abriendo los ojos al ex Capitán de la 9ª División, aunque sea a la fuerza. Kira y Matsumoto se reconcilian y se emborrachan juntos, intentando olvidarse de Ichimaru. Hitsugaya mantiene una actitud más retraída y visita a Hinamori, que aún está hospitalizada. Por su parte, Rukia finalmente se arma de valor y acude a la casa de los Shiba a disculparse ante Kūkaku por la muerte de Kaien. Ella ya sabía los pormenores por Ukitake y le responde que lo único que deseaba oír era un "lo siento", así que ya está contenta con eso. Ichigo y Orihime acuden en busca de Rukia, y allí la Shinigami les dice a sus amigos que ha decidido quedarse en la Sociedad de Almas un tiempo.

Después de despedirse de los muchos amigos que han hecho en la Sociedad de Almas, Ichigo, Orihime, Chad e Ishida parten de nuevo con Yoruichi (una vez más convertida en gato) a través del portal interdimensional. Ichigo y Rukia se dan mutuamente las gracias, y Ukitake le da a Ichigo una placa que le permitirá actuar como Shinigami sustituto de forma independiente. El viaje de vuelta por el dangai es prácticamente tan accidentado como el de ida, y a su regreso los Ryoka son recogidos en pleno vuelo por Urahara, Tessai, Jinta y Ururu. Al poco de volver a verse, Urahara le pide perdón a Ichigo por el papel que ha jugado en todo aquel asunto y por no habérselo dicho todo antes, mas Ichigo no le da importancia y sólo le dice que con quien debería disculparse es con Rukia, aunque seguramente ella también le quitará hierro al asunto. Ichigo enseña a sus amigos la placa de Shinigami sustituto, que deja bastante pensativo y preocupado a Ishida, aunque no hace patentes sus sospechas al resto del grupo. Uno a uno, Ichigo se va despidiendo de sus amigos, a los que no tardará en volver a ver en clase, y finalmente llega a su hogar. Allí, Kon está ocupando a sus anchas el cuerpo de Ichigo, y se lleva una amarga decepción al ver que Rukia no ha vuelto con él. Sin ganas de discutir, Ichigo vuelve a su propio cuerpo y, pocos segundos después, ya está de nuevo peleándose con su padre, Isshin. La normalidad parece haber regresado a la Clínica Kurosaki.

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